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Política

PRIMER ATENTADO DE 2008
Un encapuchado colocó dos bombas con 15 kilos de explosivo en los juzgados de Bergara
08.02.08 - 20:38 -

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ATENTADO. Agentes de la Ertzaintza inspeccionan el acceso a los juzgados donde tuvo lugar la explosión, en Bergara. / EFE
El atentado contra el Juzgado de Bergara fue cometido por un encapuchado que depositó dos mochilas con sendas bombas que contenían un total de 15 kilos de explosivo junto al edificio oficial, según las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad. La acción terrorista, atribuida a ETA, se cometió horas antes de que el Tribunal Supremo se reuniera para estudiar la ilegalización de ANV y del PCTV y de que el juez Garzón diera a conocer la resolución por la que se suspende temporalmente la actividad de estas dos organizaciones de la izquierda abertzale.
El atentado, el primero del año 2008, causó importantes daños materiales y se interpreta como una respuesta de la banda terrorista a las actuaciones judiciales contra la izquierda abertzale que no podrá estar presente en las próximas elecciones. El objetivo simbólico elegido fue una sede judicial, al igual que ocurrió el 11 de noviembre en Getxo y el 16 de diciembre de 2007 en Sestao. Y al igual que en esos dos episodios, las cámaras de seguridad filmaron a los terroristas que colocaron los artefactos, aunque las imágenes, posiblemente, no sirvan para identificar a los miembros de ETA que enmascararon su rostro en todos los casos para evitar se reconocidos.
En Bergara, las imágenes captaron a un único terrorista, encapuchado, que transportó dos mochilas con los explosivos hasta la puerta de la sede judicial instalada en un sólido edificio de piedra en la céntrica plaza Ariznoa de la localidad guipuzcoana. El miembro de ETA depositó las dos bolsas a las 23:40 horas de la noche y se marchó del lugar rápidamente. Aunque las cámaras no captaron a nadie más, los investigadores creen que seguramente había otros cómplices en las inmediaciones apoyando al encapuchado.
La existencia de los artefactos sospechosos fue detectada al cabo de ocho minutos por una patrulla de la Ertzaintza que realizaba una ronda de seguridad por la zona. Los agentes, al ver las mochilas, dieron la voz de alarma para que acudieran refuerzos y se alertara a los especialistas en desactivación de explosivos. Como primera medida, los integrantes de la primera patrulla establecieron un primer cordón de seguridad para evitar que ninguna persona pudiera acercarse a la zona. Poco después, nuevos efectivos de la Policía vasca acudieron al lugar y reforzaron el perímetro de seguridad ante el riesgo de que se produjera una explosión.
Llamada telefónica
Cuando los agentes se encontraban realizando esas primeras tareas de seguridad, el parque de bomberos de Oñate recibió, dos minutos después de las cero horas, una llamada telefónica en la que una voz grabada daba cuenta de la colocación del artefacto y de su próxima explosión. Este tipo de comportamiento es característico de ETA que desde hace algún tiempo utiliza un programa de voz para grabar los avisos de colocación de bomba. Este sistema pretende evitar que sean identificadas las voces de los terroristas que hacen la llamada.
La comunicación recibida por los bomberos de Oñate presentaba dificultades de comprensión debido a la mala calidad de la grabación, lo que provocó que se interpretara que la explosión se iba a producir a las 0:30 horas. Sin embargo, los artefactos estallaron once minutos antes de la hora prevista. El reloj del campanario de una iglesia próxima se paró a las 0:19 horas, afectado por la onda expansiva.
Importantes daños materiales
La deflagración ocasionó importantes daños materiales en el edificio judicial, pero también en otros inmuebles cercanos que sufrieron rotura de cristales, marcos, puertas y ventanas desencajadas, etc. La mayor parte de los desperfectos afectaron a comercios y edificios públicos, aunque también se contabilizaron media docena de vehículos daños por la bomba.
La Ertzaintza afrontó la inspección ocular del lugar del atentado con las máximas precauciones, ante el temor de que los terroristas hubieran ocultado alguna otra bomba trampa en las inmediaciones como ocurrió en el atentado contra el palacio de Justicia de Getxo del 11 de noviembre. Por ello, el cordón de seguridad se mantuvo hasta la mañana. Los expertos de la policía vasca estimaron que en el atentado se habían empleado unos quince kilos de un explosivo cuya identificación está pendiente de los análisis de laboratorio de los restos recogidos.
La acción terrorista de Bergara es el segundo atentado de ETA en Guipúzcoa desde hace más de cuatro meses. El 25 de septiembre del pasado año dos miembros de ETA colocaron una bomba en la parte interior de la tapia que rodea a la comisaría de la Ertzaintza en Zarautz provocando daños materiales. Aunque aquel atentado está sin esclarecer, en medios policiales se sospecha que pueda ser obra del grupo de miembros que durante el pasado año estuvieron operando en Vizcaya. Desde esta provincia realizaron algunos desplazamientos para cometer otros atentados.
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