
Jaleado por los centenares de simpatizantes socialistas que abarrotaban el palacio de congresos donostiarra y en medio de fuertes medidas de seguridad, el presidente del Gobierno defendió por primera vez en la precampaña, consciente de que jugaba en terreno favorable, su intento de acabar con el terrorismo, un esfuerzo que los dirigentes vascos de su partido le agradecieron calurosamente. «Gracias por haberlo intentado, José Luis», le animó el candidato guipuzcoano, Miguel Buen. Zapatero dijo haber sentido la «comprensión» de la sociedad vasca, les devolvió el cumplido «por su apoyo, generosidad y valentía en el empeño más noble de cualquier ser humano» y se mostró convencido de que hoy «no estamos más lejos del fin de la violencia, estamos más cerca», sin precisar las razones que avalan su optimismo.
El jefe del Ejecutivo dijo haber puesto «lo mejor de mi mismo» en el empeño de alcanzar la paz, una empresa de cuyo fracaso, subrayó, sólo es responsable ETA «y su locura criminal». Ahí acabaron las alusiones a la política antiterrorista salvo por las andanadas contra el PP, a quien reprochó su deslealtad y acusó de anteponer la «ambición» política a la «obligación democrática de acabar con la violencia».
Pese al fracaso del proceso de paz, Zapatero se mostró convencido de que la ciudadanía vasca percibe que ha cumplido su palabra de abanderar el diálogo y normalizar las relaciones institucionales con Euskadi. Y tanto el presidente como los dirigentes vascos hicieron hincapié, precisamente, en su fluida comunicación con Ibarretxe y el PNV y en los frutos de esa sintonía, como el acuerdo del Cupo o el impulso a la 'Y' ferroviaria.
«Gurús» peneuvistas
Eso sí, Zapatero dejó claro su rechazo al proyecto soberanista del lehendakari por su carácter excluyente, aunque evitó cuidadosamente profundizar en el asunto. Se limitó a sobrevolarlo y a advertir al jefe del Ejecutivo de Vitoria de que «nunca saldrá adelante un proyecto que quiera dividir» a los vascos. Sólo las iniciativas con vocación de «unir» tienen futuro en Euskadi, subrayó el presidente, que presentó a su partido como el mejor garante de la convivencia -la palabra fetiche de su discurso en el Kursaal- en Euskadi. «Nada se puede hacer sin el PSE y mucho menos contra el PSE», subrayó Zapatero, en línea con la defensa que había hecho el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, de los pactos amplios y transversales para reformar el actual marco frente a «la acumulación de fuerzas nacionalistas». López cargó contra «los gurús» del PNV por su estudiada indefinición entre PP y PSOE con tal de dar satisfacción «a sus obsesiones particulares sobre la causa vasca». El líder del partido en Euskadi aprovechó para recalcar que «no es lo mismo levantar fronteras que tender puentes, imponer que dialogar, Loyola que Gernika o Ajuria Enea».
Antes de que los sones rockeros de 'No queremos que cambies' pusieran fin al mitin -por cierto, la plataforma de apoyo a Zapatero de, entre otros, Sabina y Serrat también ha compuesto una canción y ha sumado hasta la fecha 5.000 adhesiones-, el presidente se comprometió a respetar los próximos cuatro años la identidad y la cultura vascas y el respeto a la diferencia entre pueblos. «El talante tiene una fuerza inagotable», remachó.






