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Sociedad

LENNY KRAVITZ
El ministro del rock
10.02.08 -

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Da la impresión de que Lenny Kravitz, a sus 43 años y con veinte millones de copias vendidas a las espaldas, camina unos cuantos centímetros por encima del suelo. Quizá sea cosa de sus tacones, siempre un tanto exagerados, algo comprensible cuando uno apenas sobrepasa el 1,60 y se ve obligado, por su condición de icono sexual, a vivir rodeado de mujeres inequívocamente esculturales.

Aunque tal vez ese peculiar efecto de elevación se deba a su imagen de rockero místico, de chico duro espiritual. Por un lado, Kravitz es una estrella absoluta, el heredero de Hendrix, Marley, Berry y Plant, un superdios vanidoso y exhibicionista. Por el otro, es una especie de gurú de la nueva era; alguien a quien le basta con abrir la boca para que la paz, el amor y la hermandad cósmica comiencen a flotar en el ambiente.

«Vivo para mi música y para Dios», dijo hace cuatro años, cuando presentó su anterior disco, 'Baptism', un trabajo nacido, al parecer, tras superar una depresión gracias a la fe. En aquel disco abundaban las canciones que hablaban de lo confusa y superficial que es la vida de los rockeros multimillonarios que, como él, tienen mansiones en las Bahamas, Miami y Nueva Orleans.

«Bebí con Dylan, chico, y fue una locura. / Me coloqué con Jagger y fue genial», cantaba entonces en un tema titulado 'I don't want to be a star' en el que reclamaba para sí el derecho a una vida sencilla. En otra de las canciones se autonombraba ministro del rock: «Soy el ministro del rock and roll / puedo sanarte / puedo salvar tu alma».

En el cuerpo recortado y atlético de Lenny Kravitz conviven enérgicas corrientes de 'glamour' y contradicción. Es un hippie negro, un chico malo de buena familia, un místico que sigue la moda, un tipo profundo que dice naderías y un músico que adora el jazz clásico y toca rock comercial.

En las rodillas de Duke

Pero ante todo es 'cool'. Siempre lo ha sido. Hijo de un productor televisivo judío de origen ruso y de una actriz de padres caribeños, creció entre artistas, en un hogar en el que la música estaba muy presente. Su padre tenía contactos en el mundo del jazz y, con tres años, el pequeño Lenny tocaba el piano sentado en las rodillas de Duke Ellington. Con veinte, participaba en 'jam sessions' junto a Chick Corea, Herbie Hancock y Miles Davies, quien estaba casado con una de las mejores amigas de su madre.

Pasó sus primeros años en Nueva York, escuchando blues, gospel y soul. En Los Ángeles, donde se instalaron sus padres cuando él tenía diez años, descubrió el sonido de Led Zeppelin, Pink Floyd y los Stones. Con el tiempo, la capacidad de mezclar esos estilos sería su principal seña de identidad musical.

En 1989 grabó su primer disco, 'Let the love rule', que disfrutó de cierto éxito, sobre todo en Europa, y recibió excelentes críticas. Para entonces ya era muy conocido en su país, no tanto por su música como por ser el novio de Lisa Bonet, la actriz que interpretaba a la hija mayor de Bill Cosby en la célebre 'sit-com' de los 80. Durante seis años, fueron la pareja de moda en el mundillo artístico americano.

En los 90 Kravitz grabó cuatro discos superventas y su fama alcanzó dimensiones planetarias. Su fama de músico y también la de seductor. Se supone que Madonna, Vanessa Paradise, Kylie Minogue y Nicole Kidman se han sentido atraídas por su evidente magnetismo. Eran otros tiempos. La semana pasada, coincidiendo con la salida de su nuevo disco, el músico ha declarado que lleva tres años de abstinencia sexual. Al parecer, está esperando a encontrar una mujer con la que casarse, «algo más que un cuerpo bonito, alguien con cabeza y espíritu».

Pese a la abstinencia, Kravitz propone ahora hacer la revolución del amor. En los próximos meses, ayudándose de su talento y de miles de vatios, expandirá por el mundo su energía sesentera y buenista. Mientras tanto, repone fuerzas en alguna de sus mansiones y estudia nuevos proyectos. Quiere dirigir cine. También centrarse en una actividad que, desde hace un par de años, está muy de moda entre los famosos más 'chics': el diseño de interiores.
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