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ANTONIO RODRÍGUEZ EMPRESARIO EN CHINA
«Cada vez me cuesta más estar fuera del País Vasco»
Este bilbaíno asentado en Pekín no se acostumbra a la contaminación: «Hay tanta que parece niebla»
10.02.08 -

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«Cada vez me cuesta más estar fuera del País Vasco»
FELIZ. Antonio Rodríguez posa en el Templo del Cielo, en Pekín.
A Antonio Rodríguez siempre le gustó viajar. Le comía el gusanillo de vivir aventuras y necesitaba salir de su Bilbao natal para matarlo. Lo hizo. Con apenas 19 años se marchó a Inglaterra a estudiar Administración de Empresas. Tras concluir la carrera, optó por completar su currículum en el país anglosajón cursando un Máster de Estudios de Administración Asiático-china, «un mercado que estaba en auge». No sabía hasta qué punto esa decisión iba a marcar su futuro.

Tras la especialización, se marchó al gigante asiático para completar su formación. Pero la aventura no duró mucho. «Fue la época del Síndrome Agudo Respira- torio y tuve que salir rápidamente de allí». Volvió a Inglaterra. Tiempo después, conoció a un chino que quería exportar televisiones y le propuso asociarse con él. La oferta le interesó y voló a Pekín. Así formaron AZDISA, una compañía de exportación e importación que, con el paso del tiempo, ha ampliado sus horizontes. «Empezamos con los televisores, pero ahora también operamos con gamas de construcción, paneles solares, componentes de ordenador....». El negocio está saliendo a flote. «Vamos poco a poco. Ahora hemos llegado a un acuerdo con una empresa argentina», relata. Además, ha encontrado pareja, una joven china. Y ya lleva cuatro años allí.

Lo que este bilbaíno nunca imaginó es que extrañaría tanto dos utensilios tan comunes como el cuchillo y el tenedor. «Me costó acostumbrarme a comer con los palillos». De hecho, es uno de los aspectos que más cuesta arriba se le hicieron en su adaptación al país oriental. «Se me caía todo. Al principio me llamaban 'comida rápida' porque me llevaba los alimentos a toda prisa a la boca para que no se me cayeran por el camino», comenta entre risas.

El idioma, controlado

Nueva cultura, nuevas gentes... A Antonio le gusta vivir en Pekín, pero la suciedad de la urbe le trae por la calle de la amargura. «Hay tanta contaminación que parece que es niebla. Están pensando cómo arreglarlo para los Juegos Olímpicos y una solución que se baraja es que los días impares salgan unos coches y los pares, el resto», explica.

El idioma lo tiene controlado. «En el día a día me defiendo, pero escribirlo es complicado. Sólo conozco unos 1.200 símbolos. En total serán unos 68.000, así que con eso lo resumo todo», bromea. Los caracteres no tienen nada que ver con nuestra escritura. «Un símbolo corresponde a una palabra. El origen viene de la antigüedad, cuando se dibujaba un árbol con peras para denominar a la acción de recolectar». Y de ahí, con algunas modificaciones, hasta ahora. Un sistema complejo.

El regreso a casa no entra en sus planes a corto o medio plazo, aunque no renuncia a hacerlo más adelante. «Echo de menos todo aquello. Cada vez me cuesta más estar fuera del País Vasco». Y es que lleva ya casi diez años lejos, y la distancia y las diferencias culturales pesan demasiado. «No poder ir en Navidad a casa te deja tocado. Como le digo yo a ama, ya no tengo Olentzero», señala con nostalgia.
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