«En general, todo salió a pedir de boca, pero somos humanos y es cierto que a veces podemos tener algún despiste. Durante la fiesta nos descuidamos un instante y un chaval inundó uno de los baños. ¿Se montó una!», cuentan Andoni y Laura, aún con el susto en el cuerpo. Como los educadores son una referencia para los adolescentes, no es extraño que éstos les cuenten sus intimidades. Hasta les consultan algunas «dudas existenciales». Los educadores suelen salir airosos, porque no se trata normalmente de preguntas de difícil contestación. «Les juzgamos desde lo positivo. Cuando se hace con un punto de vista negativo, suele ser mal síntoma», resumen. Esa implicación por el momento no afecta a la vida privada de los educadores.
-Algún día les tocarán el timbre para que salgan con ellos...
-Bueno, alguno puede ser vecino tuyo y, por cercanía, es normal.
Desconectar ya es otro cantar. Todos tienen el móvil del educador y, tal vez por eso, cada vez que lo apagan tienen un dilema: activar o no el contestador. «Si llaman, les cobran la llamada y eso sienta mal al bolsillo de un chaval».









