La adopción de esta estrategia ha tenido ya efectos bien visibles. Falta discurso propio en la campaña de Zapatero, y el poco que hay parece, muchas veces, prestado del enemigo. La política, como la liturgia en las religiones, tiene algo de 'rito' y mucho de 'mito'. El 'rito' es, en política, la acción concreta que se propone; el 'mito', la palabra que la explica. Esto debería tenerlo más en cuenta que nadie un partido de izquierdas, que, si por algo ha de caracterizarse, es por su voluntad y capacidad de acompañar las medidas programáticas de un discurso global que las haga trascender del puro pragmatismo y las sitúe en un contexto más amplio de inteligibilidad y sentido. El 'rito' socialista parece haberse quedado, sin embargo, sin 'mito' o haberse contagiado del muy pobre que emplea el adversario.
Ahí está, por ejemplo, la fiscalidad. Desde que Zapatero nos dijera que «bajar impuestos es de izquierdas», todas su propuestas han venido a confirmar que la recaudación le incomoda y produce sentimientos de culpa. Y, así, en vez de explicar al ciudadano por qué y para qué un «Estado social y democrático de Derecho» debe recaudar impuestos, se dedica a prometerle su devolución, siquiera parcial, como si previamente se los hubiera robado. De este modo, el ciudadano, en vez de sentirse estimulado a considerarse contribuyente responsable de un proyecto de equidad, se ve reforzado en su sensación más primaria de expoliado. Y, tratado como si fuera un consumidor estafado, se le implora su voto, no a cambio de una propuesta de transformación y progreso, sino de la devolución de cuatrocientos euros. Sólo un ejemplo, expresado de manera, sin duda, exagerada, pero, en todo caso, muy poco movilizador de ese sector que ha venido en llamarse 'la izquierda volátil' y que tan necesitado está de ser movilizado.
De manera parecida, dejada a Rajoy la iniciativa de las propuestas de futuro, Zapatero parece haberse atrincherado en la loa de lo ya realizado en esta legislatura. Pero, para el elector, lo hecho, hecho está, y es, en gran medida, capital amortizado. La novedad y frescura que Zapatero significó en 2004 pueden, si no se reactivan con proyección de futuro, convertirse en continuidad y aburrimiento. Le quedan veintiséis días para evitarlo.
j.l.zubizarreta@diario-elcorreo.com







