Algunos albano-kosovares no, pero es verdad lo de la desinformación. Lo confiesa paladinamente uno de nuestros protagonistas de hoy: «Nos falta conocer el idioma, las leyes y la forma como funcionan las cosas aquí». Esa es la clave: no saben cómo funcionan las cosas ni son capaces de imaginar cómo es la gente. Con los inmigrantes pasa en las sociedades postindustriales como con el cerdo en tierras de la cristiandad, que se aprovecha todo. Primero hay una gentuza que les quita la mayor parte de sus ahorros para que ocupen media plaza en una patera sin chaleco salvavidas. Luego llega gente, abogados, empresarios y particulares que les prometen gestio- nar sus papeles y/o conseguirles un puesto de trabajo a cambio de lo que les queda. La mayor parte de las veces les estafan, como la hostelera a la que se juzgó ayer por haber estafado presuntamente a 14 inmigrantes. Cuando por fin consiguen curro, la mayor parte de las veces se trata de una explotación inicua, como esa otra hostelera que les pagaba 230 euros al mes por 55 horas de trabajo a la semana.
Los inmigrantes proporcionan también beneficios a la gente bien: permiten al Gobierno mostrar su lado amable y alardear de política social y a algún dirigente de la oposición entonar una oda báquica a los buenos camareros de antaño.









