La Guardia Urbana recibió una llamada de alerta sobre las diez de la noche y una patrulla se desplazó al lugar. Según relató la persona que había realizado la llamada, un joven que se encontraba «muy alterado» había dado un puñetazo a un cliente del local con quien mantenía una discusión. Y seguidamente había sacado una navaja con la que intentó atacar a su oponente.
Al parecer, el testigo se interpuso entre ambos y recibió asimismo un golpe en la oreja derecha. Los agentes localizaron al sospechoso, que «gritaba y amenazaba» al resto de clientes. Inmediatamente procedieron a identificarle y cachearle. El joven, sin embargo, no llevaba documentación. Eso sí, tenía una navaja que le fue incautada por los agentes.
Los policías arrestaron al presunto agresor y lo llevaron a las dependencias de Aguirrelanda. Allí negó haber mantenido una pelea y amenazar a nadie. El sospechoso fue llevado ante el juez en la mañana de ayer.
Agresión
La Guardia Urbana arrestó ese mismo día, también en el Casco Viejo, a un hombre de 52 años por un presunto delito de desobediencia, resistencia y agresión a agentes de la autoridad. Al parecer, el detenido, que se encontraba «en estado de embriaguez», amenazó a un persona en un establecimiento de la almendra medieval hacia las ocho de la mañana. Cuando los policías se personaron en el lugar y le invitaron a abandonarlo, el sospechoso se negó a hacerlo «en repetidas ocasiones».
Los agentes se vieron obligados por ello a sujetarle para sacarle al exterior, según informó un portavoz municipal. En ese momento, el hombre propinó varias patadas y manotazos a los policías. Poco después amenazó con autolesionarse.
Los guardias le arrestaron y le trasladaron a comisaría. Para su sorpresa, cuando se le comunicó que se le dejaba en libertad, se negó «en rotundo» a abandonar las instalaciones. El hombre pidió a los policías que lo llevasen al juzgado para que lo enviaran a la cárcel de Nanclares para poder comer. Resultó ser un recluso que estaba de permiso penitenciario.





