Poco después, escuchando su charloteo, me di cuenta de que no estaba hablando sola, se encontraba dialogando con alguien y habían quedado al parecer citadas con varios amigos, ya que en una de sus frases (empleando el lenguaje al uso entre los jóvenes) les decía que «a ver si no me hacéis esperar, que vosotros sois la h...».
A mí me extrañó que se pueda ya hablar por teléfono móvil sin usar el teléfono y un amigo mío llamado Esteban, que entiende la repera de todos los adelantos audiovisuales presentes y futuros, me ha explicado no sólo el sistema para hablar por teléfono con las manos en los bolsillos y en cualquier lugar, sino los diferentes usos que se le puede dar, incluso en los exámenes.
Me he quedado estupefacto al conocer el mecanismo de estos nuevos sistemas que han dejado incluso trasnochadas a nuestras viejas y tradicionales chuletas estudiantiles. Ahora los chavales no necesitan llevar sus apuntes camuflados en rollitos de papel o escritos con letra en miniatura en un bolígrafo. Ahora llevan escondido en la oreja eso que se llama 'pinganillo', vocablo que, hasta que no se pronuncie la Real Academia Española, se define en el diccionario como un regionalismo que en Castilla significa carámbano.
No sé dónde vamos a ir a parar con tantos adelantos electrónicos audiovisuales. Estoy viendo que, a este paso, los profesores van a tener que utilizar antes del examen una puerta detectora como la de los aeropuertos para hacer pasar a los alumnos por ella como si fuese un contadero y despojarles de todos los sistemas de comunicación inalámbrica.
Y me estoy imaginando también el efecto que producirá este sistema de telefonía sin manos, cuando veamos por la calle al paisanaje masculino y femenino con las manos en los bolsillos y hablando solos como si padeciesen algún trastorno cerebral de incontinencia prosódica.









