
SUS OPINIONES
-Por primera vez hay un número importante en la cárcel. Puede tener efectos no deseados.
-¿Cuáles?
-Hasta el momento, dentro del MNLV la legitimidad la tenía ETA porque era la que 'arriesgaba más'. Ahora pueden reivindicar también su legitimidad quienes, por no condenar a ETA o formar parte de sus estructuras políticas, también soportan cárcel o exilio. Habrá que estar atento por si va a generarse una nueva legitimidad o si, por el contrario, va a haber una fusión por absorción con los presos de ETA.
-¿La izquierda abertzale está en su peor momento?
-Por vez primera no va a disponer de un espacio propio. Tampoco ha tocado fondo la estrategia represiva. Es llamativo que en la huelga del jueves, LAB haya rehuido el protagonismo, algo inteligente.
-¿Cómo valora que ese mundo quede fuera de las elecciones?
-Todas estas personas han tenido un cercenamiento de sus libertades. No pueden presentarse ni tienen una opción de voto que les represente. Pero su número, de entre el 15 y el 18% del electorado, es de suficiente entidad para que su presencia social pueda mantenerse. Van a tener un rol muy parecido al de la CNT y la FAI durante la Segunda República, que no participaban pero eran capaces de interferir en la normal actividad democrática.
-Esa legitimidad que la izquierda abertzale puede ganar ante ETA, ¿será suficiente para equilibrar fuerzas?
-Puede que sí o que no. Lo importante es que el alineamiento total con ETA o la primacía de los políticos va a depender del debate interno dentro del propio sector político. Será un debate a cuatro bandas entre los presos más fieles a ETA, que hasta ahora sólo se confrontaban con los menos firmes, y los políticos que más apuestan por la vía política, que tienen en frente a los políticos más alineados con ETA.
-¿Quién resultará vencedor?
-Es complicado. ETA va a intentar un gran atentado durante la campaña. Pero haga lo que haga los efectos políticos son cada vez más complejos. Antes el entorno de ETA mantenía siempre un alineamiento férreo. Ahora, se alineará en un primer momento, pero luego habrá un debate de cierta intensidad, cuando vean que cada vez tienen más sumisión a ETA.
-¿Qué puede desnivelar la balanza?
-Por un lado, el peso de la legitimación de unos y otros. Por el otro, que hagamos interesante la democracia para ese movimiento.
-Alguien dirá que si en treinta años no se ha logrado, nunca se logrará.
-Las razones que están llevando a que entremos en una tercera generación de ETA, con los nietos de sus fundadores al frente, son cada vez menos comprensibles. Podemos sufrir el terrorismo hasta que haya una implosión similar a la del carlismo. Un día el padre carlista le dijo a su hijo: «ya sabes hijo, 'Dios, patria, fuero, Rey'». Y su hijo pensó: «¿qué chorrada dice mi padre!». El carlismo dejó entonces de tener sentido. Algo parecido ha ocurrido ya con el uso de la violencia.
Brecha social
-¿Cómo se haría más interesante la democracia?
-Lo primero, profundizando en las leyes que preservan las libertades civiles, desarmándonos de toda legislación especial generada por el terrorismo, cumpliendo las leyes sobre derechos humanos y penitenciarios, fomentando la participación ciudadana y cierta circulación de las élites políticas.
-¿La clandestinidad es lo único que le queda a la izquierda abertzale?
-Lo único, no. Estamos hablando de 200.000 personas. Vamos a tener una mini sociedad mini alzada en una mini guerra contra el resto. Habrá cada vez una brecha mayor. Todo ello si el Estado no comete errores.
-¿Errores?
-Casos como las posibles torturas a Portu generan un ambiente de excepcionalidad dentro de la izquierda abertzale. Si, además, pasamos de juzgar y condenar a Atutxa, a juzgar y condenar al lehendakari, o que procesen a unos parlamentarios por no disolver EHAK, o se actúe contra los alcaldes por no colocar la bandera o no cambiar los nombres de calles dedicadas a miembros de ETA, llegaremos a una justicialización de la política que recree ese universo ya no tan imaginario de excepcionalidad.
-¿Por qué el Gobierno ha acelerado ahora todos estos procesos?
-Hay un afán electoral fuera de duda y una necesidad del Estado de tomar la iniciativa tras la tregua. La diferencia respecto a otras treguas es que ETA rompía el alto el fuego y se sucedían los actos de terror. Y la banda usaba la tregua para rearmarse y salir con fuerza. Esta vez ha sido lo contrario. El Estado se ha preparado y la escalada policial y judicial ha sido tremenda. ETA, si no ha quedado noqueada, sí al menos tambaleante. Ha sido todo un mensaje elocuente del Estado.
-¿Con qué contenido?
-Dejar claro a ETA que, si hay otra posibilidad, no va a poder poner la pistola en la sien de sus interlocutores. Cuando ETA afronta el diálogo cree que Zapatero va a ser rehén de las conversaciones. El Gobierno también ha pretendido decirle a Herri Batasuna que su compromiso con cualquier proceso de paz en el futuro debe ser personal. No vale eso de habla conmigo, que luego va a venir otro.
-¿Paga Batasuna esa posición?
-La izquierda abertzale debe comenzar a hacerse responsable de sus actos. No puede ser que convoque una huelga como la del jueves contra el PSOE, y luego su manifestación acabe frente a la sede del PNV. Es como ir a donde el padre a quejarse de un tercero.
-¿Ve posible un nuevo diálogo?
-Puede haber intentos, pero requerirán de ETA la irreversibilidad de volver a las armas y la pérdida de cualquier protagonismo político.
-Si Zapatero es reelegido, ¿podría darse un nuevo proceso?
-Con el PP sería imposible y con Zapatero, improbable. Necesitaría una mayoría amplia para reafirmar su liderazgo interno.
-¿Qué falló en el proceso de paz?
-ETA cuando dice que quiere la democracia para el pueblo vasco, habla de un pueblo vasco que es inexistente. Sólo ETA lo ve homogéneo, territorialmente establecido y con una voluntad expresa de manifestarse sobre la autodeterminación. Hay vascos que lo ven así, pero otros quieren ante todo que se deje de matar, otros no quieren la independencia... Además, un grupo tan encerrado en sí mismo como ETA no entiende que pueda haber contradicciones dentro del Estado. Que haya jueces que desequilibren la situación y tomen parte; o el juego de los partidos políticos que, aún teniendo una mayoría simple, no pueden forzar ciertas situaciones.
Errores del Gobierno
-¿Qué hizo mal el Gobierno?
-Creer que con las buenas palabras se puede convencer a quien necesita hechos. Un momento de alarma fue cuando, sabiendo que el presidente del Gobierno se había comprometido a hacer una declaración en el Congreso, la hizo en un pasillo. Me imaginé a los dirigentes de ETA diciendo: 'esto no es serio'.
-¿ETA está en sus estertores?
-Nunca ha estado tan mal. Sólo hay que ver la huida de aquellos dos terroristas tras el atentado de Capbreton, cambiándose el pelo con un tinte en un río, haciendo auto-stop, cogiendo un autobús... Nada que ver con la ETA que conocíamos. Pero hay que ser también obvios. Si en una democracia hay quince personas que quieren matar, apoyados en otros 150, con 1.500 kilos de explosivos y 150 millones de pesetas...
-¿Qué pronostica para el 9-M?
-Primero, una abstención notable, fruto de la crispación. Tampoco va a haber una mayoría absoluta. En esta tesitura será importante el papel de las minorías nacionalistas, que podrían profundizar en el carácter plurinacional del Estado y reforzar el autogobierno. También podrían favorecer el blindaje del autogobierno frente a presiones judiciales.
-¿Un mal resultado del PNV, haría a Ibarretxe replantear su consulta?
-No será un mal resultado. De todas formas, el PNV tiene hasta octubre varios momentos que superar.
-¿Será un test para el lehendakari?
-El primero. Y los resultados electorales tendrán una lectura desde ese punto de vista.
-¿Ve cerca unas autonómicas?
-Si en los meses previos hay una cerrazón absoluta al diálogo, Ibarretxe hará la consulta, por coherencia consigo mismo. Pero si hay capacidad de negociar, no.
-¿Y qué le sería suficiente?
-Primero, que se completen las transferencias pendientes, luego que se añadan algunas aún exclusivas del Estado, y, por último, que se garantice que el autogobierno no estará sometido a la acción judicial.
-Convocar la consulta con ETA activa, ¿no es un contrasentido?
-Es contradictorio porque Ibarre-txe lo dijo así, pero no sé si es contradictorio con estos tiempos. Muchos hemos llegado a la conclusión de que las decisiones para reforzar el autogobierno deben ser a pesar de ETA. Lo otro sería tener a ETA influyendo en las decisiones políticas, cuando no una coartada para que todo siga igual. ¿ETA en declive va a predeterminar la actividad más que cuando era fuerte?








