Él trabaja ahora con algunos de los jóvenes que salieron de Arcentales en pisos de acogida y «son muy educados». En Arcentales, «los chicos están «todo el día enfadados. En un grupo siempre hay alguno que la lía, que se pelea con todos, pero a veces se pelean por pasar el rato. Aunque no lo sean, se hacen conflictivos», afirma.
Pese a la situación de este centro, que al igual que el de Artxanda se abrió para evitar la saturación de otros servicios, el joven considera que la Diputación, que en total acoge a 339 menores extranjeros, ofrece una asistencia de calidad, sobre todo en comparación con otras comunidades autónomas. «Esta es la zona que mejor atiende a los inmigrantes, en Barcelona y en Andalucía no dan cursos como aquí». Por ello cree que «hay que dialogar con otras comunidades para que respeten la Ley del Menor».










