
La alcaldesa de Gorliz, Enma Calzada, señala con orgullo que este año han superado los 5.300 habitantes, 1.500 más que hace una década. Y buena parte de los nuevos vecinos son niños «que dan mucha vida», pero que también han obligado a la Administración local a tomar decisiones de urgencia. «Hay que renovar dos parques infantiles y ampliar el comedor de la ikastola, porque comen a turnos». Pero no sólo el colectivo infantil ha crecido, también han llegado «mayores en busca de tranquilidad» y con mucho tiempo libre para llenar. «Ya damos cursos de todo, de reiki, de danza del vientre, de yoga...», relata la alcaldesa, quien reconoce una asignatura pendiente. «Fallamos en el transporte público. Tenemos más de 2.000 vehículos en el pueblo».
A Etxebarri, por el contrario, los nuevos vecinos han llegado en metro. El suburbano, que comenzó a funcionar en 2004, ha servido de imán y en los últimos diez años este municipio ha ganado casi 2.000 habitantes y ya supera con creces los 8.000. «Se ha acelerado la construcción de viviendas y se ha rejuvenecido por completo la población, porque han llegado muchas parejas jóvenes con hijos», relata el alcalde, Pedro Lobato, quien destaca que también ha habido que levantar un gran polideportivo y ampliar el ambulatorio. Claro que han surgido algunos 'peros', como «la escasez de plazas escolares».
Mella en los impuestos
A estas localidades se han mudado antiguos vecinos de Sestao, Basauri o Portugalete, algunos de los núcleos que pierden habitantes -más de un 10% en la última década- en mayor proporción. En los años 70, Sestao era un hervidero de gente, con más de 40.000 personas -«teníamos la mayor densidad de población de Europa»- y hoy no alcanza los 30.000. «Los jóvenes se marchan porque no hay vivienda y los mayores regresan a sus lugares de origen», explican fuentes municipales, que advierten de la mella que esto ha hecho en los impuestos.
La cercana localidad de Portugalete también ha visto disminuido su censo y hoy viven allí 5.000 personas menos que hace diez años, aunque en el Consistorio no lo interpretan en clave negativa. «Si antes había un polideportivo para 53.000 personas, hoy es para 48.000. Ningún servicio se ha visto afectado para mal», aseguran. La falta o carestía de vivienda también ha empujado a la juventud de Basauri a buscar acomodo en localidades cercanas -en una década se ha pasado de 48.000 a 43.000 vecinos- lo que ha obligado «a cerrar algún colegio».









