VIZCAYA EN CIFRAS
El mapa demográfico de cada localidad lo configuran, además de nacimientos y defunciones, los movimientos migratorios, que en los últimos años apuntan en la misma dirección: la gente se muda a los pueblos, a las localidades pequeñas -generalmente con menos de 5.000 habitantes- que son las que han ganado vecinos en mayor proporción desde hace dos décadas. Lo han hecho en detrimento de los grandes municipios que, salvo excepciones, registran descensos poblacionales año tras año.
A la cabeza del primer grupo se sitúan Bakio, Barrika o Gorliz, que en diez años han crecido por encima del 30%, aunque los 'picos' demográficos se traducen en unos cientos más de vecinos. En el otro extremo, las localidades que pierden, donde los porcentajes son mucho menos 'escandalosos', a pesar de que supongan miles de personas. En estos, el techo del retroceso se establece en el 10% que han sufrido Basauri, Sestao o Portugalete, donde hoy viven unas 5.000 personas menos que hace una década . Estas cifras revelan que los vizcaínos se 'escapan' cada vez más de las grandes urbes y buscan acomodo en los pueblos pequeños. «Este flujo migratorio es reseñable y, aunque se observa desde 1981, ahora se ha incrementado», advierte la socióloga Marta Luxán.
Pero, ¿qué nos empuja a trasladar la residencia de un municipio muy poblado a otro que lo está menos? «Por un lado, está el precio de la vivienda, si se construyen pisos nuevos y VPO o no y, por otro, la calidad de vida, ya que los municipios pequeños cada vez están mejor dotados de equipamientos y ofrecen alternativas a la ciudad», resume la experta, que apunta también a la «crisis industrial» como una de las causas de que las localidades grandes cada vez lo sean menos. «Se ha perdido el factor de atracción que ejercía hace unos años la industria», añade.
Otro de los factores que puede hacer variar el censo municipal es la llegada de inmigrantes, aunque en el caso de Vizcaya -con una tasa de población extranjera que no llega al 5%- no parece ser una cuestión determinante. «Las personas que llegan de fuera no se suelen asentar en núcleos pequeños, salvo que tengan una oferta de empleo muy dirigida a la población inmigrante. Suelen fijar su residencia allí donde existen redes previas y en este punto hay que destacar Bilbao, que ha registrado en los últimos años un saldo migratorio importante».
«Mejor equipados»
La capital vizcaína es la excepción a la regla y, a diferencia de otras grandes localidades, lejos de sufrir la 'fuga' de habitantes, desde el año 2000 los ha empezado a ganar tímidamente. También hay lugares donde el censo de este año es calcado al de hace un tiempo, como Atxondo, que mantiene los 1.447 habitantes de hace cinco años. Y otros como Arcentales, Balmaseda, Bedia, Zalla, Errigoiti, Laukiz, Lekeitio o Munitibar, que han sufrido variaciones insignificantes, menores al 1%. En estos últimos, los incrementos y decrecimientos de población son inapreciables pero, a juicio de los expertos, tampoco en el resto de Vizcaya se aprecian «cambios demasiado bruscos». De manera que los flujos migratorios de la provincia no son sino el reflejo de «lo que sucede en otros lugares».









