
El proyecto salió a información pública en mayo de 2007 y ha recibido 788 alegaciones, la mayoría procedentes de Olabeaga. La movilización vecinal, bajo la bandera de «impacto cero» en el barrio, llevó a la Diputación a retrasar el inicio del tajo, previsto para el primer trimestre de este año, y a estudiar en detalle las demandas ciudadanas. El 85% de las alegaciones reclamaban «el total cubrimiento de los carriles en las zonas de Olabeaga y Santa Ana». Algo que, a la vista de la maqueta, puede darse por cumplido.
Familias de Sabino Arana
La nueva carretera, cuyo trazado empezará a la altura del albergue de Castrejana, irá oculta en gran parte del recorrido, especialmente a su paso por el casco urbano de Bilbao. «Hay un tramo a cielo abierto cuando se acerca al barrio de Santa Ana, luego se soterra y aflora en la vaguada cercana al hospital de Basurto», explicó ayer el diputado de Obras Públicas, Iñaki Hidalgo. Los túneles de montaña que pasaban junto a las viviendas de Santa Ana y que preocupaban a los vecinos han desaparecido. El trazado, de unos 250 metros de longitud, irá cubierto en su totalidad salvo por dos 'ventanas' que se abrirán en la parte superior. De esta forma se evita que el paso se considere técnicamente un túnel, con todos los condicionantes que ello implica en plena zona urbana. En la cubierta del vial se habilitarán zonas verdes, unos 5.000 metros cuadrados, y las dos aberturas se ocultarán a los paseantes.
El siguiente tramo se resolverá con un puente de 120 metros de longitud que llevará una 'chimenea': un material plástico «del estilo de las barreras antirruido» lo cubrirá «al 80%», dejando espacio para una «ventilación natural». Así se evita nuevamente «hacer un túnel estilo Malmasin» y se garantiza que habrá «ruidos cero» en el barrio de Olabeaga. El puente podría quedar finalmente a nivel de calle, ya que «el Ayuntamiento baraja la posibilidad de rellenar la vaguada entre el hospital de Basurto y el tanatorio», explicó Hidalgo.
El diputado ya ha mostrado la nueva maqueta a los vecinos y cree que su impresión es «satisfactoria», aunque la plataforma Olabeaga Bizirik no quiere hacer declaraciones hasta que el proyecto «se presente públicamente en el barrio», después de las elecciones. Los que sí hablan son los residentes de Sabino Arana, cansados de esperar. «Que se dejen de maquetas, se pongan los cascos y metan las máquinas ya», dice el presidente de la agrupación vecinal, Javier Muñoz. Ya son 150 familias las que están dispuestas a ir a los tribunales para denunciar los niveles de ruido que soportan, aunque la decisión final se tomará el 3 de marzo.










