Es Arregui quien habla en su nombre y da cuenta de las secuelas que aún sufre: ha perdido un ojo, sufre cojera, pérdida de movilidad en un hombro, parálisis en una zona de la cara y cicatrices por todo el cuerpo. Una cuchillada le rozó el corazón y aún tiene pendiente alguna cita con el quirófano. «Y lo más gordo son las secuelas psíquicas», ya que padece una fuerte depresión.
Como continúa en tratamiento, aún no se puede valorar la responsabilidad civil, por lo que el abogado se reserva la reclamación económica por los daños sufridos para un futuro proceso.
Abdessamad se encontró ayer con el padre de su pesadilla. José Bernárdez, tras horas de viaje en autobús desde Orense, se acercó al guarda de seguridad.
-Quería pedirte perdón por lo que hizo mi hijo.
-Nada, nada, -respondió la víctima en un susurro-.
-No era por ti. Igual que a ti le pudo tocar a otro. ¿Cómo te va?
-Bueno, regular.
Luego hubo un silencio incómodo y eterno que José rompió con un «así es la vida».





