Esta desunión entre la dirección y el principal accionista constituye el verdadero problema de Iberdrola. La posibilidad de un ataque desde EDF es algo muy relevante, dada la personalidad del atacante, pero esta misma personalidad es también su principal debilidad. Su carácter público y la imposibilidad de una actuación recíproca forman una vía de agua en su estrategia. Pero la desunión accionarial es una falla terrible y permanente. ¿Qué pasaría si ACS llega con E.oN, o con otra empresa eléctrica de carácter privado procedente de cualquier país 'homologado'?. Hoy en día, nadie está a salvo de los ataques y los recuentos de fuerzas entre los accionistas son demasiado efímeros. Cuando sube la puja, las uniones se resquebrajan y las fidelidades se debilitan. El accionista insensible al precio es una especie biológica en muy grave peligro de extinción. Si la energía más barata es la que no se consume, la batalla mejor ganada es la que no se libra. ¿La solución? No es sencilla, pero pasa por algún tipo de acuerdo entre las partes enfrentadas, antes de que las cosas vayan a mayores.






