
El concejal socialista fue más allá. En su opinión, dar a conocer públicamente «una trifulca entre alumnos», como ha hecho la madre de la presunta víctima, no ha sido lo más apropiado. «Creyendo proteger a su hijo, le ha puesto en el ojo público. No ha calculado las consecuencias de su actuación», advirtió.
Fernández también está convencido de que con la denuncia la mujer ha reabierto la herida, puesto que considera que el problema «quedó resuelto» con la fulminante expulsión de los presuntos agresores, de 15 años. Ambos ya habían sido amonestados por mal comportamiento y han regresado a su centro de referencia para concluir la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Ahora no podrán acceder al mercado laboral por la vía de los oficios reglados en el CIP al incumplir un compromiso firmado para mantener una buena conducta. Y es que no se trata de un instituto al uso. Su misión es dotar de los conocimientos suficientes para trabajar a chicos con problemas con los estudios.
Los hechos denunciados se iniciaron el pasado 11 de febrero. Al parecer, nada más finalizar la jornada lectiva en el colegio, la víctima, de origen colombiano, se dirigió a uno de sus compañeros para preguntarle «por qué» le insultaba, según consta en la denuncia presentada en el juzgado. La respuesta fue un golpe propinado por un amigo del aludido, que le causó una grave herida en un ojo. «Casi le dañan la córnea», se duele Diana Córdoba, la madre del menor. El escrito judicial también recoge amenazas de los jóvenes y la novia de uno de ellos. La dirección del centro actuó con premura. Tal y como relataron los responsables municipales, sólo dos días después del incidente los adolescentes tenían prohibida la entrada al recinto al activarse «el protocolo marcado en estos casos».
La versión de la madre de uno de los presuntos agresores difiere en varios puntos. Asegura que su hijo salió en defensa de otro chaval que recibió «un cabezazo» del denunciante después de que éste le pidiera dinero. «Lo que hizo mi hijo no está bien y lo admito. Le dio un puñetazo», se sincera. Ahora bien, la mujer avanza que pondrá una denuncia por injurias contra la familia colombiana si sigue diciendo que su hija amenazó luego a la víctima. «Es ella la que llega todos los días llorando porque el niño se chulea», asegura.
«No es una víctima»
El enfrentamiento entre ambas partes no acabó ahí. El pasado martes, el menor sufrió una paliza en el exterior del colegio, en el tiempo de recreo. En ese momento y según figura en una denuncia presentada ante la Ertzaintza, uno de los agresores se acercó al joven con «otro varón, de 27 años». Sin mediar palabra, ambos le propinaron varios puñetazos y patadas, le tiraron al suelo y le amenazaron. El agredido que, según su madre, sufre problemas para andar por los golpes, se refugió en un bar y fue socorrido por la Policía.
El edil de Educación tampoco da por buena la versión recogida en las denuncias. No ve al agredido «como una simple víctima». Y está convencido que «no ha permanecido indiferente». Su mayor preocupación es que la imagen del CIP salga mal parada con esta historia, «que no refleja el ambiente que hay en un centro que trabaja de cine desde hace 13 años».






