
CORRESPONDENCIA
La muestra recoge, quizá con excesivo laconismo, lo más destacado de la vida de este vitoriano, a quien, como a otros muchos, la guerra civil hizo abandonar su tierra, en este caso para establecerse definitivamente en París, ciudad donde murió. Nunca pensó Landáburu que había de acabar sus días allí, siempre soñando con el regreso a Vitoria, pero sus deseos no se vieron cumplidos. El trato con su familia y amigos gasteiztarras era continuo, y sus hijos, al comienzo del verano, pasaban la frontera de Irún para pasar una larga temporada en nuestra ciudad. Pero el padre nunca pudo regresar.
La exposición viene acompañada de un libro firmado por el comisario, Alexander Ugalde, profesor de la Universidad del País Vasco. Se trata de una obra sencilla, de 80 páginas en edición bilingüe, muy pedagógica, cuya mayor parte se presenta cronológicamente. A esta parte sigue una sección con opiniones sobre Landáburu de personas como Salvador de Madariaga, Manuel de Irujo, Venancio del Val, Emilio Guevara Iñiguez (padre del ex diputado general), etc.
Alavés de pro
Y el libro termina con una breve selección de textos del diputado alavés. Hay numerosas ilustraciones, con retratos de una intensa vida truncada a los 55 años. Sólo hemos echado en falta una bibliografía de y sobre Landáburu, que hubiera resultado de gran utilidad.
Es difícil resumir en pocas líneas la personalidad de Landáburu. Mencionemos que acabó la carrera de Derecho a los 19 años, no pudiendo ejercer hasta los 21, tal como ordenaba la ley. Por entonces era ya un hombre bien conocido en Vitoria. Fue articulista prolífico. Uno de sus primeros artículos, escrito a los 18 años, se tituló 'Pasa la Virgen... La proximidad de la procesión del Rosario'. Asumió generosamente numerosas tareas en el campo de la cultura, entre ellas la secretaría de la delegación alavesa de Eusko Ikaskuntza (1925) y la secretaría del Grupo Baraibar (1928) para el fomento del euskera en nuestra provincia. Pocos saben que la letra del himno del Deportivo Alavés la escribió Landáburu, el cual, junto con el malogrado Luis Apraiz, médico muerto en plena juventud, es autor del espectáculo 'Que la victoria nos sonría', dedicado a nuestro equipo de fútbol, espectáculo estrenado el 28 de junio de 1928 y repetido a los pocos días, dado el éxito obtenido.
Primer diputado
Francisco Javier de Landáburu fue el primer alavés diputado nacionalista en Madrid (1933), dejando huella con su tesón en favor de Álava y peleando por la autonomía. Citemos que participó en la redacción del anteproyecto de Estatuto (1931), tomando parte activa en el referéndum de 1933. Ya en el exilio, tras su detención en 1936, pudo ocultarse durante largo tiempo, hasta ganar la frontera. También debió evitar las garras de la Gestapo en Francia. Su labor estuvo ligada al Gobierno vasco, del que fue nombrado vicepresidente en 1960. Y en todo momento desplegó una enorme actividad en favor del movimiento europeo y por la unión de los partidos demócrata-cristianos. Añadiremos que las represalias políticas de los franquistas se cebaron también en sus dos hermanas, inhabilitadas como profesoras.
De las intervenciones del día de la inauguración recordaremos aquí la de Itziar, la única hija de Landáburu, mencionando que sus dos hermanos, Gorka y Ander, se tienen que desplazar con guardaespaldas, por culpa de otro totalitarismo.
Y una reflexión y una sugerencia para terminar. Podría hacerse una prueba entre los escolares alaveses que terminan el bachillerato. Se les pondría delante una lista con una decena de personajes, por ejemplo, el canciller Ayala, Fermín Lasuen, Samaniego, el general Alava, Moraza, Becerro de Bengoa, Amárica, Baraibar, Landáburu, Ignacio Aldecoa y Micaela Portilla. ¿Cuántos pasarían dignamente la prueba? Nosotros sabemos que muy pocos, porque eso está a la vista. ¿O alguien lo duda?





