
«El Gobierno se limita a mantener la ficción de que son operaciones de paz cuando en realidad son acciones de guerra», opina Florentino Portero, analista del GEES. «Nuestras tropas en Líbano no cumplen sus cometidos, no persiguen a miembros de Hezbolá o a talibanes sino que permanecen parapetados en sus cuarteles», explica. Esta inadecuación entre la hostil realidad del terreno y el restringido mandato que han recibido ha generado choques en el seno de la OTAN, donde España seguirá recibiendo fuertes presiones para involucrar a sus tropas en operaciones de combate en Afganistán.
La cooperación al desarrollo ha sido, por su parte, una de las políticas más mimadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, un ámbito en el que el presidente se encuentra cómodo y querido. Según explica a EL CORREO Leire Pajín, secretaria de Estado para Cooperación, «en cooperación hemos dado importantes pasos, hemos construido una política pública consensuada con todos los partidos y actores en este campo, situando la lucha contra la pobreza entre las prioridades. Un cambio profundo que nos ha permitido aumentar significativamente la Ayuda Oficial al Desarrollo y aprobar el Estatuto del Cooperante».
En 2004, el último año de la era Aznar, España destinaba el 0'24% de su PIB a ayuda al desarrollo, unos 1.985 millones de euros. En 2008, el Gobierno prevé destinar 5.500 millones, equivalentes al 0'5% del PIB, con un esfuerzo especial por atender al continente africano y a las nuevas prioridades en Asia, lejos de las tradicionales zonas de influencia española. El objetivo del Gobierno -muy del gusto por el «poder blando» de Zapatero- es alcanzar la cifra del 0'7% al final de la legislatura. Si ganan las elecciones






