
LAS OPINIONES
Aun reconociendo que «hay problemas de falta de público», el filólogo Henrike Knörr califica la opción de «desastrosa». A su juicio, ilustra la «perversión de una parte de la tradición vitoriana que siempre tiende a lo excesivamente modesto». El miembro de Euskaltzaindia aboga por renunciar al «enanismo» y pujar por un auditorio «como Dios manda, que mire el futuro con optimismo».
Menos vehemente, aunque «decepcionado», el presidente del colegio de arquitectos y colaborador del Festival de Jazz, Ángel Luis Bellido, lamenta que se haya elegido un modelo tan «pobre» y echa de menos una sala lírica. «Es una pena que sólo sirve para una cosa y que se deje a Vitoria sin ninguna posibilidad de ofrecer un gran espectáculo». Y es que según agrega -esta vez habla el técnico y no el melómano- ampliar el Principal, como se propone hacer a medio plazo el alcalde «no es viable».
Mozart, pop y flamenco
Para Pablo Martín, miembro de la orquesta europea Bandart, con la que interpréta composiciones clásicas y barrocas, y colaborador de El Niño Josele, el auditorio proyectado «no tiene sentido, porque tiene cero versatilidad y eso es un atraso». Conocedor de muchos de estos equipamientos en el Viejo Continente, el contrabajista asegura que «la vanguardia» son los teatros ingleses, dotados de una acústica que se ajusta a cualquier tipo de representación. «Se adaptan a todo: Mozart, pop o flamenco», afirma.
En parecida honda se encuentra la también artista internacional Marta Knörr. La mezzosoprano vitoriana cree que un complejo de esa magnitud «debe albergar todas las disciplinas artísticas. No puede quedarse tan corto. Hay que tener las miras altas», asevera.
El compositor Sabin Salaberri conviene, por su parte, en que «lo que más se consume» en Vitoria es la música sinfónica, de cámara y coral de mediano formato, precisamente lo que contendría el auditorio de Lakua. Sin embargo, rechaza el plan. «Sigo defendiendo a capa y espada el que hizo Juan Navarro Baldeweg. Es maravilloso. No sólo contaba con ese mismo tipo de sala, sino que aportaba el plus del edificio y de la ubicación, en La Senda», recuerda en clave nostálgica.
Al organista de música antigua Daniel Oyarzábal la noticia le suena «genial». «Es una gozada». Agrega, sin embargo, que sólo lo apoyaría si hubiera de por medio un compromiso para dotar en el futuro a la capital alavesa de un gran teatro que permita celebrar óperas. «No existe ninguna ciudad en el mundo importante como centro cultural que no tenga ninguno», advierte.
Eduardo Cervera, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Álava (Fava), es una de las pocas voces que aplaude la iniciativa. Cree «acertado tender a la especialización» porque «querer abarcarlo todo puede restar calidad a la infraestructura». En clara sintonía se pronuncia la productora de Teatro Paraíso. «Especializarse puede ser una buena idea. Aunque tuviéramos un gran escenario, no iban a venir muchas óperas a Vitoria. A cambio, se pueden sacar chispas a los teatros de la red de centros cívicos», indica Pilar López.
En un tono sarcástico, su colega Javier Alkorta afirma que el proyecto «le da risa». A su juicio, «los políticos no saben lo que quieren. Han perdido toda su credibilidad en este asunto». El director del Festival de Humor de Araia denuncia la «falta de coherencia absoluta en el planteamiento», lamenta que «nunca cuenten con los creadores artísticos de la ciudad» y zanja, «harto» y «cansado», que le importa «un carajo lo que hagan al final».





