
Cada semana, músicos, actores monologuistas, magos o disc-jockeys despliegan su talento en cerca de una treintena de bares, pubs y discotecas de la ciudad que se han lanzado a promocionar diferentes artes escénicas con el objetivo de ofrecer un 'plus' a sus clientes. «El estómago mueve más que la cultura, pero tanto los artistas como el público se merecen algo más. Y, aunque programar cultura no es un negocio, es una gran satisfacción personal», confiesa Intxo Pérez de Arenaza, desde la barra del bar Extitxu.
Su local lleva ya tres años con una oferta variada -que incluye recitales de música de autor, monólogos o 'poetangos'- cada jueves. El lleno, «salvo que traigas a alguien más comercial», no está asegurado pero «merece la pena». En el Green Bay lo saben bien. «Empezamos hace diez meses y, al principio, era una lotería. Pero el boca a boca funciona y ahora, al menos, el bar se medio llena», asegura el encargado. El pop, el country y el rock son la base de la apuesta musical de esta taberna irlandesa situada en Portal del Rey.
La bossa nova, el funkie y, sobre todo, el jazz encuentran su espacio en locales como el The Man in the Moon, en la calle Manuel Iradier, y el Heineken Urban Concept, en el edificio Deba. «Abrimos hace un año con la idea de organizar algo todas las semanas y, aunque a veces nos han dado ganas de tirar la toalla, tenemos que seguir. En Bilbao, hagas lo que hagas, funciona, pero Vitoria es Vitoria», lamenta la responsable del Urban Concept, un local que en apenas un año ha conseguido abrirse un hueco importante en la agenda cultural vitoriana.
Público fiel
También El Parral, en el Casco Viejo, es un referente. Y es que, doce años programando cultura le han valido un nombre dentro del circuito. «Al principio, nos costaba dar con los grupos, pero ahora son ellos los que acuden a nosotros», señala Iñaki Lezkano, uno de los socios del bar. Gracias a ello y al apoyo de un público «fiel», El Parral se ha ganado también un nombre dentro de los diferentes colectivos de artistas.
Lo mismo le sucede al Gora, su vecino de enfrente. Consciente de que «los sábados no hace falta animar a la gente a salir», Iker Arróniz, uno de los socios, apuesta también por revitalizar las noches de los jueves y los viernes con conciertos y DJ's. Y la pócima funciona. «En general, llenamos», asegura. Aunque en ello tenga mucho que ver el hecho de que todas estas actuaciones sean gratuitas. «Si hubiera que pagar entrada, la cosa cambiaría», sostienen los hosteleros. La buena marcha de las actuaciones en El Parral y Gora hizo que otro local próximo, Hala Bedi, tomara ejemplo hace unos años para crear una programación conjunta. En su caso, los domingos.
En el otro lado, se sitúan las nuevas incorporaciones al circuito, encabezadas por Batikano, en la Cuesta de San Francisco, o la cafetería Ibú, en Jacinto Benavente. También las discotecas, pese a que en ellas la música en directo es cada vez más ocasional. Sólo Mambú, que acaba de abrir sus puertas en el antiguo Maná, tiene previsto programar a corto plazo «uno o dos» conciertos al mes. La apuesta de Cool, en cambio, se centra en sesiones electrónicas, un viernes cada mes, y de house, todos los sábados, de la mano de DJ's residentes y de artistas invitados.





