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ÁLAVA
El bazar de la nostalgia
Jesús Gómez Ugarte ha cumplido una década al frente de su abigarrada tienda para coleccionistas en San Antonio
02.03.08 -

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El bazar de la nostalgia
JESÚS y sus objetos, en el interior de su céntrica tienda. / BLANCA CASTILLO
«Cuando abrí la tienda, hace diez años y medio, los anticuarios de Vitoria no me daban ni seis meses. Y ya ves». Lo dice Jesús Gómez Ugarte, propietario del abigarrado local donde «enfermos del coleccionismo» pueden encontrar prácticamente todo lo imaginable en relación con el pasado. Reconoce que los anticuarios de siempre le miran por encima del hombro, pero él ha pulsado la tecla para salir adelante como «un privilegiado porque combino lo que me gusta con el trabajo».

A su juicio, la fórmula resulta sencilla. «Hay que vender cosas pequeñas porque a ver dónde mete la gente una armadura y tener bastante mercancía a menos de cien euros. Mucha gente joven está interesada por el coleccionismo y el dinero no le da más de sí». Con esas consignas y consejos reunidos en sus visitas a establecimientos del mismo tipo por Madrid, Barcelona y Valencia, Jesús ya ha cumplido una década en la tienda de la calle San Antonio que nubla la vista por la cantidad de objetos acumulados.

Este guipuzcoano que se estableció de adolescente en Vitoria ha conjugado pasión y oficio. Estudió Bellas Artes en Bilbao, carrera que no terminó, pero sí Arte y Decoración. Aquello le condujo a trabajar como escaparatista en Galerías Preciados. Pero rebelde y amante de la libertad, Jesús se siente mejor conduciendo las riendas de su propio negocio.

El coleccionismo le inoculó su virus con diez añitos, cuando empezó por amasar sellos y luego monedas del mundo. «Era una época donde venían curas para aquí, iban monjas para allá... Me traían y al tiempo iba aprendiendo geografía». Es algo que quiere subrayar durante la charla. La filatelia y la numismática derriban fronteras mentales y enseñan historia.

Todavía recuerda aquel autobús que cogió a Bilbao siendo un crío para comprar el catálogo de monedas Abreu. O aquellas pagas iniciales que se fundía en la Plaza de España para procurarse sus «primeras romanas, del Bajo Imperio y de la casa de Constantinopla».

Sus tesoros

Presume por atesorar magníficas colecciones numismáticas, medallas religiosas, condecoraciones militares, ingentes fundas de cuchillas de afeitar, «el mejor catálogo con diferencia de tarjetas postales de Álava», librillos de papel de fumar, «12.000 programas de cine», barajas, volúmenes de escuela...

Para resaltar la importancia de algunas posesiones afirma que ha vendido a la Fundación Sancho el Sabio o a los archivos municipal y provincial. ¿Y cómo lo hace para surtirse? «Compro en subastas, en tiendas, a particulares... Cuando cerraron la librería Linacero me traje casi un camión, cuando cerraron La Espejera, dos furgonetas de juguetes, facturas de Maximino Pérez y de Olasolo, 5.000 calendarios de Fournier...».

Quien imagine algo del pasado para comprar podrá hacerlo, casi seguro, en el local de Jesús. Vende especialmente bien cámaras de fotos antiguas y álbumes de cromos. «Vendo más a gente de fuera que de aquí. Se suele decir, y es verdad, que quien quiere probar si un negocio funciona lo monta en Vitoria».

Entra un cliente para ofrecerle un neceser de los postguerra y brochas para la espuma de rasurar. En el sótano, máquinas de escribir 'prehistóricas' y muñecas de tamaño natural. Objetos de una pasión sólo comparable a la que él y su hija sienten por el Baskonia. Un club de 49 años que, como las antigüedades, va cobrando valor con el tiempo.
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