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Dos micólogos vizcaínos descubren en Burgos una seta única en el mundo
02.03.08 -

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Dos micólogos vizcaínos descubren en Burgos una seta única en el mundo
Los descubridores, junto a una fotografía de la seta. / J. ALEMANY
La teoría dice que cualquiera puede descubrir los secretos de la naturaleza. Pero la práctica demuestra que muy pocos lo consiguen, solo los más aplicados. Intuición, mucha experiencia y una pequeña dosis de fortuna es la combinación que ha permitido a los vizcaínos José Luis Pérez y Javier Fernández dar con una nueva especie de seta: la Flammulina Cephalariae, cuya existencia en todo el mundo se circunscribe a un punto muy concreto: apenas un terreno de cinco kilómetros de extensión enclavado en el burgalés Valle de Losa.

En 20 años habrán paseado mil veces por aquellos prados secos y pedregosos. Siempre encontraban las mismas especies hasta que empezaron a mirarlas con otros ojos. Especialmente a una. «Ahondamos en las características de este hongo y nos sorprendió percibir diferencias», reconoce José Luis.

Tenían catalogada esa seta como una Flammulina Velutipes. Pero les extrañaba que no naciera en los troncos y a cierta altura sino a ras de suelo. Además, con unas raíces mucho más largas que las que indican los manuales de micología.

Origen mediterráneo

José Luis y Javier aprendieron a analizar los hongos en el laboratorio de la Sociedad de Ciencias Naturales de Sestao. Fue en 2003 cuando se percataron de que estaban ante una Flammulina realmente extraordinaria. «En el microscopio comprobamos que sus esporas y basidios eran muy grandes, casi el doble que en el resto de especies de esta familia», explica Pérez.

Prosiguieron sus investigaciones y encontraron más diferencias. La nueva seta crece en suelo calcáreo y se alimenta de una planta denominada Cephalaria Leucanta, de origen mediterráneo. Surge siempre a principios de noviembre «salvo inviernos muy extraños como este» y se extingue en enero.

Conscientes del descubrimiento, analizaron toda la bibliografía sobre esta familia de hongos, que ahora ya tiene 12 especies, siete de ellas en Europa. También pidieron el apoyo de micólogos de reconocimiento internacional y les asesoraron desde Rusia, Eslovaquia, Italia y, por supuesto, España.

La mayor ayuda, en cualquier caso, llegó desde la Universidad de Tennessee, en Estados Unidos. Allí, la doctora K. W. Hughes se ofreció a realizar un estudio molecular de esta seta. Sus resultados han sido claves para el reconocimiento de la nueva especie.

José Luis y Javier destacan las posibilidades científicas que se abren con este descubrimiento. Por ejemplo, su hermana Velutipes es un hongo muy apreciado gastronómicamente. «En Japón se cultiva a escala industrial», aseguran.

También podría tener importantes propiedades medicinales. «El problema es que carecemos de medios para realizar los estudios científicos que corresponden a los grandes laboratorios», explican. Pérez y Fernández se conforman con la satisfacción de haber sido los artífices de un descubrimiento que «premia el trabajo y el esfuerzo que le hemos destinado durante muchos años».
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