La puesta en marcha de este geriátrico por parte de un Gobierno PNV-EA, y materializada por un Ejecutivo foral del PP, supuso un punto de inflexión en la política social alavesa. La Diputación evitó gastar más de 6 millones de euros en construir un edificio y buscó quien lo financiara, a cambio de darle la gestión y garantizarle los usuarios durante 45 años. Eligió a la firma Quavitae, ahora Maphre-Quavitae, dependiente de Caja Madrid.
El resultado de la experiencia no ha sido bueno. De hecho, los tres centros en proyecto van a ser eminentemente públicos. Y es que entre 2002 y 2003, los 125 empleados de Ariznabarra estuvieron ocho meses de huelga. Al final, la Diputación tuvo que acceder a modificar el contrato con la empresa, para garantizarle el mismo beneficio, pese a la subida salarial del 121% que planteó el mediador designado por el Gobierno vasco para poner fin al conflicto.
Los trabajadores ahora vuelven a estar en huelga. Aspiran a que sus salarios, muy inferiores a los de los empleados forales, se vayan equiparando a los de éstos porque también ellos trabajan en un centro de titularidad pública.





