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El ariete de Zapatero
El cardenal pilota una «nueva evangelización» en España frente a un Gobierno que «pretende relegar» a la Iglesia a las sacristías
05.03.08 -

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«Rouco es mucho Rouco». Cuando los analistas de la esfera eclesiástica y los hombres de Iglesia hablan del cardenal gallego se ponen sus galas más serias para describir a uno de los personajes más influyentes de la institución católica en España. Omnipresente cuando lo cree oportuno y en la retaguardia cuando le es más conveniente, nada se mueve en la esfera religiosa de nuestro país sin que él se entere. Concentra poder y lo ejerce. En los últimos cuatro años, contra el Gobierno de Zapatero.

Nació hace 72 años en la localidad lucense de Villalba y su temprana vocación pronto le llevó al seminario de Mondoñedo, baluarte de obispos que se han abrazado al integrismo religioso. Se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y se doctoró en Derecho Canónico en Münich, una plaza que imprime carácter doctrinal. Viaja siempre que puede a Alemania y todavía acostumbra a escribir en el idioma de ese país. Allí conoció a Ratzinger como profesor, al que visita de vez en cuando en Roma.

Cuando llegó a la cúpula máxima de la jerarquía española, en 1999, ya estaba llamado a pilotar la revisión del 'modelo Tarancón', en un giro estratégico que ya había iniciado su antecesor, el cardenal Suquía. La neutralidad política de la Iglesia se resquebraja y el alineamiento con las posturas conservadoras empieza a ser ostensible. El sector más aperturista es empujado a los cuarteles de invierno ante la presión de un Rouco carismático, que se dedica a tejer una sólida e impenetrable red de apoyos cautivos en todas las diócesis. Lo tiene fácil porque es miembro del dicasterio romano que nombra a los obispos. También ocupa una plaza en los de Educación Católica, Clero, Pontificios Consejos para la Cultura y Cor Unum. Su posición en el Vaticano, por tanto, está soportada sobre anclajes sólidos.

Con ese potente blindaje, Rouco, astuto y muy inteligente, comienza a aplicar el discurso para el que ha sido entrenado. Algunos creen que por deformación profesional. Sabe mucho de Teología Fundamental, pero es un especialista en Derecho Canónico y en las relaciones Iglesia-Estado. El cardenal parte de la tesis de que cuanto más terreno ceda la Iglesia al Estado más terreno le irá comiendo. Y ahí está él para impedir el intento del Gobierno de relegar a la institución a las sacristías. Se considera un hombre con una misión. Un cardenal contra el potente Leviatán.

Rouco se ha empeñado en la tarea de sentar las bases doctrinales para la nueva evangelización de España, que, desde su análisis, está siendo presa del fundamentalismo laicista del Gobierno. El punto de inflexión fue la aprobación de la ley de uniones homosexuales, interpretado como un ataque sin precedentes a la familia. Pero antes había sido la ley del aborto, el divorcio exprés o la Educación. Incluso la nación, amenazada desde su óptica por las concesiones autonómicas.

La moral es previa al Estado. El cardenal advierte en casi todos sus discursos del «error» y de los «serios peligros» que encierra la tendencia progresiva a la absorción por parte del Estado de todos los espacios en los que se desenvuelve la existencia diaria de las personas. Y centra su beligerancia en un Gobierno que se arroga la capacidad de «definir y modelar» esas realidades conforme «al simple criterio de las mayorías parlamentarias». La Iglesia no se calla, aunque ya haya hablado el Parlamento.

Para visualizar su fuerza no tiene reparos en sacar a los fieles a la calle. Lo hizo contra el matrimonio homosexual y la reforma educativa, y lo volvió a hacer el pasado 30 de diciembre en un acto en favor de la familia, excusa para arremeter contra el Gobierno. Cuenta, además, con el apoyo de los nuevos movimientos eclesiales, de corte muy espiritualista, pero que llenan los templos y se movilizan en las grandes convocatorias. El 'aparato' de Rouco incluye también a la cadena Cope, una emisora que se permite, incluso, descalificar al nuncio de la Santa Sede en España.

Mermado físicamente por una operación de riñón a la que fue sometido hace ahora cuatro años, saca tiempo libre para dar largos paseos, sobre todo por los bosques de la Sierra de Madrid. Aprovecha para meditar sobre sus discursos -su producción es inagotable-, muy acerados en cuanto a la doctrina y siempre con mensajes de calado.

Enemigo declarado de Zapatero, defiende una presencia pública de la Iglesia frente a un Gobierno que pretende «amordazar» a los obispos. Frente al adoctrinamiento ideológico del Ejecutivo socialista, movilización. Y Rouco es de los que se sitúan detrás de la pancarta. Siempre en primera línea.
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