
-Gran Maestro Internacional. Suena a título importante, pero los no iniciados en el juego quizá no sepan lo que significa...
-Es el nivel más alto. Bueno, por detrás del campeón del mundo, claro.
-Algún día podrías serlo tú.
-De momento, ni siquiera pienso en dedicarme al ajedrez profesionalmente. Me gusta jugar, pero para dedicarte a esto hay que meter muchas más horas.
-¿Cuánto entrenas?
-Si tengo los exámenes controlados, unas tres horas al día.
-Empezarías muy joven...
-Mi hermano me enseñó los movimientos cuando tenía cinco años. Me lo tomé como un hobby hasta que cumplí los 10 y luego un poco más en serio.
-¿Te sigue pareciendo igual de divertido?
-Claro. Lo único que a veces lo llevo mal, porque no puedes exteriorizar tus emociones durante la partida, y a mí me cuesta. Poco a poco voy progresando, es algo que tienes que aprender para dedicarte a esto.
-Así que el cabreo te lo llevas a casa.
-Y te cabreas aún más que jugando al fútbol. Durante la partida acumulas una tensión brutal, pero no puedes descargarla corriendo por el campo.
-Se enfadarán más los adultos a los que vences.
-No lo sé, no me he puesto en su piel. Supongo que les fastidiará, porque si a mí me viene un niño de 10 años y me gana también me fastidiaría mucho.
-Siempre está 'la Play'. Dicen que matar marcianitos relaja.
-'La Play' está haciendo mucho daño a los chavales. Yo he jugado a 'la Game', lo reconozco, y creo que es uno de mis peores vicios. Al final, los videojuegos no sirven para nada. Te absorben, no es normal. Cuando terminaba los torneos escolares me ponía a jugar al fútbol.
-Te has convertido en un referente para muchos chicos y chicas. ¿Qué les recomiendas?
-Que disfruten; es lo principal. Son demasiado pequeños para verlo, pero el ajedrez es un mundo apasionante. Te hace madurar rápido, pero conoces un montón de gente y el ambiente es maravilloso.









