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La cruz del Ayuntamiento
El Consistorio soporta 12 años después su fracaso en el negocio funerario tras verse obligado a compensar con un solar en el Gas a la firma del tanatorio vetado en un restaurante de Begoña
08.03.08 -

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La cruz del Ayuntamiento
CASCO URBANO. Funeraria Bilbaína abrió en 2001 su tanatorio en el Gas. / M. A.
La controvertida instalación de un crematorio en el tanatorio de la plaza del Gas, el primero que se abriría en Bilbao, ha hecho reaparecer en el Ayuntamiento todos los fantasmas del sector funerario, que son muchos. Más allá de las discrepancias sobre los eventuales riesgos para la salud que puede entrañar un horno incinerador en un casco urbano, el proyecto mortuorio del Gas es el impresionante desenlace de un relato que ha provocado sonados sobresaltos en el Consistorio en los últimos años.

Sorprendente desde que en 1997 una empresa privada, Funeraria Bilbaína, desafió los restos del monopolio municipal que imperaba en la capital y compró el antiguo restaurante Lasa de Begoña para abrir velatorios en esas salas que tantas alegrías dieron en bautizos, bodas y comuniones.

Inquietante para el Consistorio, pues en ese momento ultimaba su salto al mercado de la libre competencia de la mano de un socio privado, con el que buscaba dominar un negocio que le reportaba 1,8 millones de beneficios al año. Su aspiración estaba en peligro por el concurso del promotor de Begoña.

Por temor a «la alarma social» suscitada en el barrio, el Gobierno de entonces, liderado por Josu Ortuondo, vetó el tanatorio del Lasa, mientras perfilaba una operación para construir otro con el sello municipal en Basurto con la colaboración de su asociado, Funespaña, líder del sector. Se daba por hecho que el primero que abriera el velatorio ganaría posiciones en el mercado. Y así ha sido.

No se asustó Funeraria Bilbaína y recurrió a los tribunales en un largo litigio que ha tenido dos momentos sobrecogedores para la Corporación. El Ayuntamiento tuvo que llegar a un acuerdo extrajudicial para librarse de una demanda por prevaricación y una más que probable indemnización millonaria por daños y perjuicios. A cambio, la empresa recibió gratis el solar de la Plaza del Gas, de titularidad municipal -tasada entonces en cerca de 500.000 euros-, y renunció al proyecto de Begoña. Recientemente, ha logrado además el amparo de los jueces a su propósito de abrir en el tanatorio un horno incinerador, pese a los esfuerzos del Consistorio por tumbar la iniciativa, que también han sido muchos.

Más que eso se ha gastado en esta pugna funeraria, auténtica cruz para los intereses del Ayuntamiento. En los últimos doce años, los responsables municipales han tenido que enfrentarse a querellas, sacrificar patrimonio para lograr paz jurídica y capear duras críticas de vecinos y partidos. Incluso, rompió a las primeras de cambio con quien era su socio funerario por las escasas perspectivas de negocio que le quedaban en un sector al que se sumaban compañías privadas. Firmó la alianza para 50 años y apenas cuatro convivió. Por el camino, este matrimonio mal avenido dejó a medio hacer el tanatorio de Basurto, concebido como la perla de su negocio y convertido hoy en un esqueleto, un edificio inacabado al que se busca un destino.

Aunque distantes, el tanatorio de Basurto y el crematorio del Gas han caminado juntos, con suerte dispar, eso sí, en lo que es un nuevo ejemplo para el Ayuntamiento de que las cosas que empiezan mal terminan peor. Lo saben bien todos porque las cuatro formaciones políticas hoy representadas en el pleno (PNV, PP, PSE y EB) han pasado en algún momento de esta historia por el Gobierno municipal y la concejalía de Urbanismo, clave en la concesión de licencias.

El veto al tanatorio de Begoña fue motivo de discrepancia en 1997 para el equipo de gobierno de entonces, formado por el PNV y el PP. El primero promovió la prohibición al considerar incompatible su actividad en un entorno residencial y el segundo, cuando gestionaba Urbanismo, avaló la primera consulta urbanística para evitarse una acusación por prevaricación, algo que dio alas al promotor funerario para lanzarse al negocio. No llegaron a navidades los socios. En diciembre de 1997, en un pleno, su pacto se rompió después de una sucesión de desencuentros, entre ellos, el funerario.

Compensaciones

Desde entonces colea el 'culebrón'. Cuando parecía finiquitado gracias al acuerdo del Gas, resucita con la petición de un crematorio, amparado por los tribunales. Pinta mal el desenlace para los intereses municipales y resurge de nuevo el fantasma del pacto extrajudicial para arreglar el desaguisado del restaurante Lasa, siempre que las hipotéticas compensaciones no sean disparatadas -se habla de que el promotor, que lo niega, ha pedido 60 millones de euros, muy lejos de los 8,4 que reclamó en Begoña-.

Tanto en público como en privado, los responsables locales reconocen que las últimas resoluciones judiciales han sido un palo. «Un gran palo» en esta penúltima página de un relato que evidencia en origen imprevisión en la gestión en medio de una fuerte presión vecinal. Como acuñó Ramón Gómez de la Serna para el acervo popular, esta polémica deja 'hecho polvo' a cualquiera.
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