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ÁLAVA
La población de buitres en Álava se multiplica por once en treinta años
La provincia acoge en la actualidad a 544 parejas, frente a las 49 que había en 1979 La erradicación de los venenos provocó la explosión demográfica
09.03.08 -

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Hacen falta muchos animales muertos para dar de comer a más de mil buitres. En concreto, a 544 parejas reproductoras. Ésa es la cantidad de ejemplares que viven de manera estable en Álava, según el censo realizado en el año 2007 por el Servicio de Medio Ambiente y Biodiversidad de la Diputación. Si la cifra ya es de por sí abultada, adquiere una dimensión aún mayor cuando se compara con la que había en 1979, cuando sólo habitaban en el territorio 49 parejas. Tiempos aquellos de grata memoria para muchos ganaderos, que durante los últimos años protestan por los crecientes ataques de los carroñeros a animales vivos en busca de una comida difícil de encontrar.

La historia del buitre, igual que la de la mayoría de especies salvajes, ha estado siempre vinculada al capricho humano. Hace décadas, «todos los pueblos tenían muladares, donde los ganaderos dejaban la carroña para que se la comieran», explica Joseba Carrera, técnico del servicio de Medio Ambiente y Biodiversidad. El problema para la especie llegó en los años cincuenta, cuando se comenzaron a utilizar de forma masiva venenos que no se degradan y que acaban atacando tanto al animal que las ingiere como a quienes devoran su cadáver.

No hay datos para ilustrar la debacle demográfica que esta práctica provocó durante más de veinte años, hasta mediados de los setenta, cuando al abrigo de las primeras leyes de conservación se prohibió el uso de sustancias tóxicas en el monte. Lo que sí se sabe es que el primer censo, de 1979, reveló la existencia de sólo 49 parejas reproductoras en Álava.

A partir de ese momento, la especie experimentó un importantísimo repunte demográfico. Los años que siguieron estuvieron marcados por el abandono masivo de la actividad rural y la sustitución de la ganadería extensiva por la intensiva. Pese a ello, los buitres seguían disfrutando de los suculentos muladares donde los ganaderos se deshacían de un modo limpio y ecológico de los animales muertos.

Después llegó otro punto de inflexión en la historia de la especie: la enfermedad de las vacas locas. Con la amenaza sanitaria haciendo sonar todas las alarmas se prohibió el abandono de cadáveres en el monte y los carroñeros, que ya eran legión, vieron desaparecer su camino más cómodo hacia el alimento. «Así, había más población y menos comida y el buitre se tuvo que buscar la vida», resume Carrera.

Peligro en el parto

La alternativa era, y es, ampliar su campo de actuación a animales moribundos, es decir, no esperar a su muerte. «Nunca atacan a ganado sano, sólo a ejemplares dañados», aseguran desde la Diputación. Entre las situaciones que hacen a un animal vulnerable está el parto. Los ataques a hembras parturientas son recurrentes, y el último episodio conocido se produjo por partida doble el pasado sábado en Asparrena: una oveja y tres teneros, de dos rebaños diferentes, fueron devorados por los buitres.

Los expertos de Diputación aseguran que estos episodios siempre se han dado, aunque también reconocen que ahora «hay más buitres, menos ganado en el monte, y más ganaderos que denuncian» animados por las subvenciones por daños. Pese a todo, en 2007 sólo se presentaron 43 denuncias por agresiones de carroñeros a animales vivos, y sólo en 23 casos se comprobó su veracidad. La cifra no es alta si se tiene en cuenta que en Álava hay 40.000 cabezas de ganado vacuno y 62.000 cabezas de ovino que pastan en los montes.

Los ganaderos, sin embargo, mantienen que el problema va a más y aseguran que no se conoce su dimensión real porque en muchos casos no denuncian los daños por evitarse engorros administrativos. Sea como sea, las administraciones ya se han coordinado para dar alguna solución. Sólo Burgos, Vizcaya y Álava acogen a más de 2.150 parejas reproductoras (casi la tercera parte de las que hay en toda España), de ahí que las tres administraciones firmaron un compromiso el año pasado para restaurar muladares.

En Álava ya funciona el primero, al este del territorio, en el monte Analamendi (Maeztu). Y, antes del verano, la Diputación prevé que empiece a funcionar otro en el oeste, aunque la zona está por determinar. Por su parte, en Vizcaya ya funciona el de Carranza, y Burgos prepara uno que se localizará en el Valle de Mena.
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