
Esos mismos vecinos verán cómo los operarios vuelven a llenar sus calles de zanjas a partir de este verano. Y es que el Ayuntamiento ha decidido sustituir desde agosto la red de agua de las calles Cuchillería, Pintorería, Nueva Dentro y Nueva Fuera. «Ya no valen las reparaciones puntuales. Hay que acabar con el problema de raíz y colocar nuevas canalizaciones de fundición que duren décadas», defiende el presidente de Amvisa, José Manuel Bully. De esta forma, el Consistorio completará la tarea realizada el último año en la ladera opuesta del Casco Medieval, donde ya se han cambiado estos problemáticos conductos.
La ambiciosa actuación se realizará «por fases» para no colapsar la zona ni molestar en exceso a los residentes, comerciantes y hosteleros. Los técnicos de Amvisa se coordinarán con los de la Agencia de Renovación Urbana -la sociedad municipal que se encarga de renovar el Casco Viejo-, para aprovechar al máximo cada tajo. Si es necesario, y ya con la calle levantada, también se cambiará la red de saneamiento -la que lleva las aguas residuales-. Para rematar, se colocará un nuevo pavimento para dar lustre a toda la ladera.
Sólo la parte subterránea, vital para acabar con los reventones, supondrá una inversión de 600.000 euros. La intervención de la Agencia de Renovación Urbana elevará esta cantidad con toda seguridad. «El Casco Viejo merece una actuación digna. Lo que no puede ser es que esos vecinos vean zanjas un día sí y otro también», recalca el edil socialista.
Previsiones erróneas
Las tuberías de fibrocemento -o uralita- están presentes en unas 17 calles de la ciudad. Desde hace años, los técnicos alertan de que «dan problemas» y exigen sustituirlas por las de fundición, mucho más resistentes.
Vitoria dispone de 189 kilómetros de canalizaciones de fibrocemento, pero las que más incidencias han registrado son las del Casco Viejo. Los últimos tubos de este material fueron colocados a principios de los ochenta en el barrio, y la vida útil de medio siglo anunciada entonces por el fabricante se ha quedado en la mitad. Según un informe municipal, el Ayuntamiento rechazó los canalones de fundición dúctil «porque eran caros».
«No fue la mejor decisión», explica con ironía Daniel Estévez, gerente de Esconsu, la empresa que realiza junto a Amvisa el mantenimiento de la red municipal. El tubo de fibrocemento, aclara, es rígido y aguanta la presión del agua, «pero si quieres lo puedes romper con tus manos haciendo palanca. Las juntas que unen cada tramo no son muy estancas y, además, la tubería es sensible a las vibraciones, como las que puede provocar el tráfico». Esto no pasa con los conductos de hierro fundido, «que son más robustos y duran al menos 50 años, así que son los que tenían que haberse instalado desde el principio».
i.cueto@diario-elcorreo.com





