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Un error increíble
09.03.08 -

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Un error increíble
Su error en la salida provocó que Dayron Robles protagonizara diferentes escenas de desesperación tras la conclusión de la carrera. / EFE
Por norma general, las calificaciones matinales apenas deparan sorpresas y sirven para comprobar el estado real de forma de los grandes aspirantes a las medallas. Algo así se esperaba de la primera ronda de los 60 metros vallas, donde la segunda serie deparaba el aliciente de ver calle con calle a los dos grandes favoritos de la prueba, el campeón olímpico Liu Xiang y el subcampeón mundial en Moscú Dayron Robles, a quienes los pronósticos adjudicaban el oro. Su marca de 7,33, a tres centésimas tan sólo del récord del mundo, así lo vaticinaba, pero las series hay que correrlas para llegar a la final, y en el caso del cubano, se puede decir que lo hizo, pero tarde.

Al darse la salida, la impetuosa salida de su rival parece descolocar a Robles, que se deja llevar pensando que había sido nula, Su estupor al ver a sus rivales saltando las vallas mientras el está practicamente parado es sólo equiparable a su desolación al llegar a meta último, con 8,53, y eliminado del Mundial que le debía encumbrar como el mejor vallista del momento. El apoyo de Xiang y el resto de rivales no le consuela, y Robles se marcha hundido.

Liu Xiang fue claro a la hora de explicar lo que le sucedió ayer al cubano. «Lo siento mucho por él. He salido muy rápido y creo que eso es lo que le ha despistado. Creo que ha sido falta de experiencia porque en caso de duda lo mejor es seguir corriendo hasta escuchar el segundo disparo. Es una pena porque tenía muchas ganas de correr junto a él».

Pero lo más increíble de la historia es que el cubano cometió ayer un error tan infantil por segunda vez en apenas tres semanas. El 22 de febrero, en la reunión celebrada en París, se quedó clavado en los tacos de salida esperando a un segundo disparo de salida nula que nunca llegó.

Ayer, camino de los vestuarios, se agarraba la cabeza consciente de que había cometido probablemente el mayor error de su carrera deportiva. O al menos el de mayor trascendencia, ya que en unas décimas perdió un oro que le estaba esperando.
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