
Las tensiones en la patronal alavesa comienzan a tener solera y acumulan algo de moho en las paredes. El anterior presidente, Carlos Zarceño, concitó en su entorno una pelea sin igual, en la que nadie era capaz de distinguir razones de peso para justificar las divisiones en los órganos rectores, que incluso culminaron con la expulsión del comité ejecutivo del presidente de la Caja Vital, Gregorio Rojo.
La figura de Rojo está también al fondo de la nueva crisis surgida en el SEA, sobre la que es relativamente fácil fijar el momento del inicio pero prácticamente imposible desgranar con buen juicio su desarrollo y previsible final. Cuando todo parecía indicar que el nuevo presidente, Juan José Azurmendi, iba a ser capaz de llevar la paz a la casa de los empresarios alaveses, se ha convertido en el centro de la polémica. Su decisión de encabezar una de las candidaturas a las elecciones de vocales de la Caja Vital, precisamente la que debía servir como principal respaldo al actual presidente de la entidad financiera, Rojo, ha sido el detonante de la nueva batalla.
Dimisiones
Ese alineamiento del presidente del SEA con una de las planchas en la carrera por el control de la Vital, además de algunos reproches por parte de dirigentes de su propio partido, el PNV, le ha acarreado a Azurmendi dolores de cabeza. El principal, las críticas vertidas en público contra él por quien ostentaba la vicepresidencia del SEA, el luxemburgués Luc Theis, máximo responsable de una de las principales compañías del territorio, Guardian. Theis, alineado con el sector que en su día perdió la batalla frente a los actuales dirigentes de la patronal, hizo público un duro comunicado en el que, además de anunciar que dimitía y que su empresa abandonaba la organización, criticaba la decisión de Azurmendi. Le acusaba de comprometer la independencia del SEA en una pelea, la de la Vital, en la que están cruzados muchos intereses políticos.
Aquello fue la chispa, pero la fractura continúa. Sectores muy influyentes en el área industrial se han revelado en los últimos días contra la pretensión de Azurmendi de designar un nuevo vicepresidente próximo a sus tesis, cargo para el que parece haber sido elegido Ignacio López Gandásegui. Mañana, en la reunión que mantendrá el comité directivo del SEA, se sustanciará un nuevo episodio del enfrentamiento.
El caso guipuzcoano
La crisis que se dibuja ya en el horizonte de la patronal guipuzcoana Adegi tiene también el signo de lo personal. El origen no ha sido otro que la decisión del presidente, Eduardo Zubiaurre, de cesar de forma fulminante e incluso traumática al histórico secretario general de la organización, José María Ruiz Urchegui.
Zubiaurre optó por una medida contundente y ha provocado también fuerte contestación en las bases de la institución. Si bien es cierto que ha podido refrendarla con una mayoría holgada del comité rector -ganó por 27 votos a favor y 13 en contra-, también lo es que la oposición ha sido cuantitativamente significativa y que la materia sobre la que ha incidido es sensible. La primera deserción se produjo el mismo día de la votación en el consejo rector. El también histórico empresario Victoriano Susperregui, máximo responsable de Elkargi, presentaba su dimisión como vicepresidente de Adegi en señal de protesta por el trato que se ha dispensado a Ruiz Urchegui.
Aún es pronto para evaluar los daños reales de esta 'galerna' guipuzcoana, pero son muchas las voces que apuestan por un notable deterioro en la convivencia interna en la patronal y que no ocultan su convicción de que el actual presidente no podrá continuar por mucho tiempo al frente de la institución, so pena de provocar el alejamiento de buena parte de sus asociados.









