
Por ello, ir a votar no causaba un entusiasmo desmedido y sí, por contra, bastante miedo en algunas personas. De ahí que la víspera de las elecciones a Cortes de 1918, se señalase, como era la costumbre, que «cada candidato achaca al contrario de hacer uso de toda clase de recursos, desde la compra de votos hasta la influencia administrativa, personal ó política». A estas acusaciones se sumaban las propias del día de las votaciones y que eran, entre otras, las del «empleo de la bolilla y de otras malas artes en los colegios electorales».
La conclusión ante semejante espectáculo era evidente: el sistema estaba podrido hasta la base. Tanta era la corrupción que allá por 1918 se acumulaba en el sistema electoral que, con la ley en la mano, podrían anularse la mayor parte de las actas resultantes tras las votaciones. «Se repetiría la elección una, dos, tres veces, y muchos candidatos se cansarían de gastar ó no podrían seguir gastando y muchas influencias se gastarían también».
A pesar de lo previsible de la jornada, no faltaba la expectación. Una de las cosas más comentadas antes del 24 de febrero, día elegido para las votaciones, fue el precio que en algunos distritos habían alcanzado los votos. Se hablaba que se cotizaban a diez, quince y veinte duros. Incluso se llegó a comentar «la noticia, dada por un periódico de la tarde, de que de la cuenta corriente de un caracterizado nacionalista en un Banco de esta villa, se habían retirado 100.000 pesetas en billetes de 25». O lo que es lo mismo, el individuo en cuestión, tenía pensado, de eso no lo dudaba nadie, cosecharse unos miles de votos a golpe de billetero. Toda una inversión.
Rotura de urnas
Para no desentonar, la jornada electoral vino marcada por lo de siempre. De entrada no se pudieron constituir todas las mesas. De los 49 colegios que formaban el cuerpo electoral de Bilbao, tres no pudieron abrirse. Y entre los que sí lo hicieron se produjo de todo. Intentos de coacción, peleas entre simpatizantes de los candidatos respectivos, rotura de urnas, amenazas, garrotazos y disparos.
El suceso más grave se produjo en la 2ª sección de Atxuri, establecida en el parque de Bomberos de dicha calle, donde a primera hora de la tarde un joven nacionalista se enzarzó en una discusión con un seguidor de Indalecio Prieto. Como era de suponer, además de acudir el agente de vigilancia de turno también acudieron simpatizantes de ambos jóvenes. La bronca se transformó en pelea y ambos grupos de repartieron por la plaza de La Encarnación. «Entre unos y otros se cruzaron hasta 30 ó 40 disparos». Las detonaciones provocaron el pánico y las correspondientes carreras y sustos. El resultado fueron cuatro heridos a los que se les trasladó a la Casa de Socorro.
Menos graves, aunque no por ello menos preocupantes, fueron otros hechos ocurridos a lo largo de la jornada. Algunos de ellos fueron auténticas muestras del absurdo más absoluto. Como el protagonizado, en el colegio de la calle Marqués del Puerto, por un individuo que trató de votar por una persona que no era él y a quien todos conocían. Se puede imaginar las caras de los presentes, sobre todo por la seriedad del que afirmaba ser quien no era. Lógicamente fue detenido.
AHV y Euskalduna
Visto lo sucedido, el resultado oficial de las votaciones en Bilbao se tuvo que retrasar tres días. Por fortuna, en el resto del territorio, los distritos de Markina, Gernika, Durango y Balmaseda, la cosa quedó más clara. El triunfo correspondió a los candidatos nacionalistas. Sin embargo, en la circunscripción de Barakaldo, además de repetir las votaciones a punto estuvo de estallar una auténtica revolución. Allí los candidatos eran el señor Ibarra, por los mauristas, y el señor Zaballa, por los nacionalistas. La ventaja inicial, computando los votos de Begoña, Getxo y Berango, pareció corresponder al nacionalista. En Barakaldo y Erandio se votó, por razones ya conocidas, el 26 de febrero. Fue entonces cuando la situación alcanzó una gravedad inesperada debido a que entre los partidarios de los candidatos se hallaban los trabajadores de sus empresas, ya que ambos, Ibarra y Zaballa, eran consejeros de Altos Hornos y Euskalduna, respectivamente.
La presión de los nacionalistas que no dudaron en comprar votos y coaccionar a los votantes, unido a las pocas posibilidades reales de victoria del señor Ibarra, hicieron que éste abandonara, lo que provocó un estallido de indignación entre los trabajadores de Altos Hornos que al grito de «¿Viva España! ¿Abajo los separatistas!», intentaron acudir hasta los diques de Euskalduna para «aclarar» las cosas. El enfado fue enorme. No podían admitir que el candidato español se retirase por presiones. Incluso pensaron llegar hasta Bilbao y organizar una gran manifestación de protesta. Finalmente, la intervención del Gobernador Civil, el señor Perea, y del mismísimo Ibarra, hizo que los ánimos se calmasen. El resultado final de todo ello fue que, el vencedor por la circunscripción de Barakaldo fuera el nacionalista Zaballa con 6.510 votos frente a los 6.150 de su rival.
En Bilbao, cuyos resultados fueron los últimos en publicarse por la Junta Provincial del Censo, el vencedor con 6.079 votos fue el socialista Indalecio Prieto, seguido del nacionalista Chalbaud con 4.397.
De aquella jornada electoral del 24 de febrero de 1918, la mejor conclusión fue la que apareció tres días después en El Noticiero Bilbaíno: «No es triste que haya candidatos que compren votos; los verdaderamente lamentable es que haya electores que vendan tan fácilmente sus conciencias. Ello da cabal idea del estado de descomposición en que, por desgracia, se encuentra España».










