
La cruz de la jornada la vivieron las formaciones nacionalistas y Ezker Batua, en definitiva, las fuerzas que sustentan al Gobierno de Juan José Ibarretxe. El PNV sufrió un duro varapalo al perder un diputado y su hegemonía en Vizcaya, mientras que Eusko Alkartasuna se deja la única acta que tenía por Guipúzcoa. El PP mantiene unos resultados muy similares a los de 2004 en cuanto a número de votos, pero retrocede un escaño por Vizcaya.
La otra protagonista fue la abstención. La emotiva llamada a votar «masivamente» que realizó Sandra Carrasco, hija del ex edil del PSE asesinado el viernes en Mondragón, tuvo una fría acogida en Euskadi. La abstención fue alta. Demasiado.
Ni las mejores previsiones que tenían los dirigentes del PSE auguraban lo sucedido ayer. Sólo en 1993 ocurrió algo parecido, cuando también ganaron en escaños y diputados. Sin embargo, los resultados registrados ayer adquieren otro significado. Sacan casi 90.000 votos más que hace cuatro años y llegan hasta los 425.000, una cifra jamás alcanzada. En una jornada de alta abstención donde todos bajan, es la única que crece. La formación dirigida por Patxi López es la primera fuerza en Álava -donde ya lo fue en 2004-, pero también en Guipúzcoa y Vizcaya. En el primero de los dos territorios, los socialistas confirman la victoria que obtuvieron en las pasadas elecciones municipales y forales de 2007.
Pero es en Vizcaya donde el PSE hace realmente historia al ganar por primera vez al PNV. Aquí los socialistas sacan casi seis puntos a la formación jeltzale, once en el conjunto de Euskadi. En un territorio que perdía un escaño por motivos demográficos, no sólo mantiene sus resultados, sino que los mejora, pasando de tres a cuatro diputados.
El triunfo del PSE contrasta con la abultada derrota del PNV. El partido presidido por Iñigo Urkullu no ha sabido escapar de la polarización de la campaña y ha obtenido uno de los peores resultados de su historia. El descalabro es a todos los niveles. Cede ocho puntos porcentuales, 120.000 papeletas y de siete escaños pasa a seis. Se deja en el camino un acta por Vizcaya. El golpe en este territorio es el más doloroso, ya que supone su feudo tradicional y su mayor vivero de votos. En este sentido, los comicios de ayer confirman una tendencia que ya empezó a apreciarse en las autonómicas de 2005 y, sobre todo, en las forales y locales del año pasado: la pérdida de respaldo que sufre el PNV en todo Euskadi y, especialmente, en Guipúzcoa.
Fracaso de EA y EB
Este tercer retroceso electoral puede generar en la formación peneuvista una crisis de magnitud desconocida. Sin haberse cerrado aún las heridas abiertas tras la marcha de Josu Jon Imaz, la dirección liderada por Urkullu tiene que enfrentarse a un escenario muy complicado apenas tres meses después de ser elegida.
La derrota en territorio vizcaíno es, además, un golpe personal para Urkullu, que durante los últimos años ha sido el encargado de dirigir el aparato jeltzale en Vizcaya. El resultado para el PNV es todavía peor si se tiene en cuenta que en el plazo de un año -o menos, si Ibarretxe las adelanta- habrá elecciones autonómicas, y que el propio lehendakari ha anunciado que el próximo 25 de octubre habrá una consulta popular.
Pero no sólo sale tocado el PNV, sino el tripartito en su conjunto. Ezker Batua vuelve a quedarse sin diputado y se deja más de 50.000 votos respecto a 2004. El golpe moral para EA es aún más fuerte. No revalida el histórico escaño por Guipúzcoa, que en las últimas legislaturas había ostentado Begoña Lasagabaster.
El Partido Popular ha corrido una suerte desigual. Como ha sucedido en el resto de España, la formación liderada por María San Gil aguanta perfectamente su posición. Apenas se deja unas décimas: pasa del 18,89% a un 18,51%. Sin embargo, pierde un escaño por Vizcaya. En el conjunto de Euskadi baja de cuatro a tres. En todo caso, el PP demuestra tener un importante suelo electoral y un electorado muy fiel, lo que le permite tener unas cifras muy estables.
Pero más allá de los resultados partidistas, la gran protagonista fue la abstención. Casi 24 horas antes de abrirse los colegios electorales, Sandra, la hija de Isaías Carrasco, asesinado por ETA el viernes en Mondragón, reclamó un voto masivo para responder a la muerte de su padre. Quería que una participación similar a la que se registró en 2004 fuese la mejor respuesta a la campaña a favor de la abstención que había promovido ETA y la izquierda abertzale en su conjunto. Su llamamiento no fue escuchado.
La cifra de ciudadanos que optó por quedarse en casa fue mucho más alta que la de hace cuatro años (25,3%) y que la registrada ayer mismo en el resto de España (24,65%). La abstención en Euskadi fue del 35,10%. Un dato muy similar al registrado en las generales de 2000.
Un resultado que demuestra que la izquierda abertzale también ha conseguido retener a buena parte de sus simpatizantes, a pesar de la repulsa provocada por el asesinato de Carrasco.






