«Amigos y familiares»
Ante la imposibilidad de encontrar alojamiento, los extranjeros, que consideran la vivienda «como tercera preocupación» por detrás de su situación administrativa y el empleo, acaban viviendo en casas de «amigos, familiares y compatriotas». Esta alternativa acentúa la «estigmatización» contra la que tanto luchan: «Se ve como normal que los estudiantes compartan piso para hacer frente a los gastos de alquiler», subraya el análisis. En cambio, si en una vivienda «residen cinco personas inmigrantes ya se habla de 'pisos patera', cuando no de hacinamiento».
Aunque, a veces, la realidad esconde casos de mayor gravedad. El incremento de la población extranjera ha sacado al mercado un abundante número de inmuebles «con graves problemas estructurales y un deficiente estado de conservación» -«muy por debajo de los estándares actuales de habitabilidad»- denuncia SOS Racismo- lo que unido a la falta de «mecanismos de control efectivos» ha permitido que se arrienden a los inmigrantes pisos «con precios y condiciones a todas luces abusivas». Todo ello redunda en perjuicio de estos ciudadanos al «verse sometidos a un deterioro enorme en sus condiciones de vida».




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