
«Me resulta duro condenar a un chico que acabará en prisión -prosiguió el juez de menores-. Siempre intento que permanezca en un centro, salvo por imperativo legal». Emilio Calatayud recordó que la mayoría de los adolescentes que cometen un delito «no son delincuentes» y no reinciden. En este sentido, indicó que los malos tratos a los padres y la difusión de imágenes vejatorias por el móvil son dos conductas protagonizadas habitualmente por muchachos de clase media.
El juez de Granada alertó sobre el aumento de los menores con problemas mentales, muchas veces provocados por el consumo simultáneo de varias drogas. «Están volviendo a consumir pegamento y hasta el líquido de las pilas -explicó-. Tenemos también los 'monguis', las setas alucinógenas».
«Poner límites»
Calatayud reclamó «sentido común» en la educación de los adolescentes y advirtió de que los problemas se plantean cuando los padres no conocen a sus hijos. «Es más fácil ser juez que padre -admitió-. Como juez tengo a la Guardia Civil, pero como padre carezco de un manual de instrucciones. Nos ha dado miedo poner límites a los niños. Nos hemos equivocado al no haberles hablado de deberes. Por supuesto que les queremos, pero no somos sus amigos, somos sus padres».
Emilio Calatayud fue contundente al abordar el problema de las bandas juveniles, un fenómeno que se propaga por las ciudades y con el cual cree que la sociedad española no puede transigir. «No podemos permitir que esas bandas latinoamericanas se metan aquí. Conozco a las 'maras' hondureñas y lo tengo muy claro con esos jóvenes: yo los reagruparía en su pueblo si viera que no tienen padres que se ocupen de ellos o comprobara que carecen de un ambiente adecuado. Ahora bien, yo no soy el legislador».






