El estado en el que ha quedado el paseo que bordea la línea de costa obligará a realizar un estudio en profundidad acerca de su estado estructural, ya que se teme que puedan existir grietas y oquedades ocultas bajo la superficie. El segundo episodio de pleamar, entrada la tarde, volvió a golpear con fuerza la zona, aunque con menor intensidad que de madrugada.
El alcalde se mostraba pesimista. «Al menos pasarán tres meses en volver a la normalidad», apuntó. De momento, el Ayuntamiento se plantea alcanzar una solución provisional que permita el paso de peatones, aunque ya ha descartado abrirlo al tráfico.
Muchos donostiarras aprovecharon la tregua que el temporal dio al mediodía para revisar los daños registrados en la flota de pequeñas embarcaciones. Para algunos, fue tarea difícil localizar su bote. Medio centenar de ellos se hundieron. «Desde la isla de Santa Clara nos han dicho que las olas superaban en dos metros la altura del muro exterior del puerto», indicó Mikel Castro, que se acercó a revisar las embarcaciones de su familia.
Chalupas, pequeños fueraborda y chipironeras recibieron un embate de millones de litros de agua que las llevó directamente al fondo o las dejó quilla al sol. Algunos de los propietarios se lo tomaron con resignación. Como el dueño del 'Uxola', que en lugar de ver su bote «medio lleno» de agua, lo veía «medio vacío», se consolaba.









