
Su discurso se centrará en las diferencias existentes entre la forma actual de vivir estas fiestas y la de antaño. Pero, ¿a qué se debe tanto cambio? «Antes era un régimen de cristiandad en donde no había otra cosa que hacer ni coches para marcharse, así que la gente acudía a los sermones y las procesiones. Hoy hay una desbandada generalizada». Realista, reconoce que ahora mismo «la religión está en horas bajas», por lo que «no vamos a poder» luchar contra el tirón de «la playa, el sol o la nieve, porque la publicidad puede mucho».
Eso sí, González de Langarica tiene fe en aquellos que, antes que marchar fuera de vacaciones, optan por quedarse en Vitoria. «La gente va con devoción a los oficios religiosos, ve las procesiones con respeto y silencio, vive el espíritu de estos días», asegura el sacerdote, de 58 años, que trabaja en la biblioteca del Seminario. Un síntoma de que «no se ha perdido el espíritu de estos días». Sólo se ha transformado en un sentimiento «más profundo, quizá más que antaño, y desde una perspectiva más intimista».
Nuevas costumbres
A ello contribuyen los pasos vitorianos, «muy buenos y poco aparatosos». Nada que ver con las procesiones de Andalucía, por las que también confiesa sentir aprecio. «Depende del carácter: el andaluz es más abierto, expansivo, gestual. Nosotros parece que a veces tenemos hasta miedo para hablar. Una procesión andaluza aquí chocaría».
Aun así, alaba pequeñas variaciones ya introducidas como las saetas, y no descarta otros cambios en el futuro. «Con la cantidad de sudamericanos que llega, irán cambiando algunas costumbres. Tienen una religiosidad popular que viven muy profundamente y pueden aportar más riqueza interior y espontaneidad».
Y puestos a desmontar tópicos, desvela que en estos días de devoción «participan muchos más jóvenes de lo que parece, sobre todo mujeres, por lo que el relevo está garantizado». Por último, se despide con una pequeña recomendación generalizada: «Que la gente dedique estos días a reflexionar un poco, pensar en el sentido del dolor, de las muertes injustas, y que nos solidaricemos con los más pobres y marginados».





