Hoy, en un tiempo objetivamente mejor, saberse infectado conlleva otras pesadillas, algunas las mismas que antes. «Cada semana atiendo a nuevas personas que acaban de ser diagnosticas y me encuentro con tres miedos fundamentales: al deterioro físico, al comienzo del tratamiento y al rechazo». La información permite disipar toda duda sobre la terapia y sus consecuencias. El estigma del sida es cuestión aparte. «Con información puede superarse, pero lo cierto es que sólo un 2% de las personas logra deshacerse de él». Pesa demasiado.






