Siempre que la televisión ofrece algún anuncio de esos que terminan con la cantinela de «lea las instrucciones de este medicamento y consulte al farmacéutico», y el anuncio se refiere a los que tienen escapes hidráulicos o problemas de estreñimiento, o defectos auditivos, o exceso de tocino (los llamados michelines), las personas que aparecen en estos anuncios son siempre del género femenino.
A mí estos anuncios protagonizados por señoras (generalmente de buen ver) me producen un sentimiento de optimismo, que contrarresta en parte el pesimismo que suele derivarse de las estadísticas sobre la longevidad, porque en estas listas los hombres llevamos siempre la peor parte. Las cifras cantan de forma indiscutible la superioridad del género femenino sobre el masculino.
Y para que ustedes se hagan una idea de esta superioridad femenina, les ofreceré unos datos que copio del libro 'Bilbao en cifras', editado por el Área de Relaciones Ciudadanas del Ayuntamiento. Veamos:
Desde la edad infantil hasta los 45 años, el número de bilbaínos supera al de bilbaínas. Pero ahí se detiene la superioridad masculina, porque a partir de esas edades las mujeres comienzan a ganar terreno y al llegar a la madurez ellas nos duplican ampliamente en número. Se ve que son más fuertes o duran más, pero lo cierto es que en Bilbao, en 2006, el número de hombres mayores de 65 años era de 7.683, mientras el de mujeres subía hasta los 9.990. Como dirían ellas, y dirían bien, ¿toma del frasco Carrasco!
Por esta razón, que sin duda es convincente, me resulta curioso que en todos los anuncios donde se ofrecen remedios para dolencias de diversos tipos sea siempre una señora la que aparezca como protagonista, cuando la realidad nos demuestra sin la menor discusión que somos los hombres los que más necesitamos la ayuda de remedios y medicamentos (los cursis siempre dicen fármacos, que es por lo visto más elegante).









