
Y no por su culpa. El diseño original contemplaba una composición con la figura central de Cristo entrando en la Ciudad Santa sobre los lomos de una burra. El paso incorporaba también un pollino y un niño. No en vano, la procesión que partirá mañana, a las 12.00 horas, de la Parroquia de San Vicente Mártir de Abando es, sin duda, una de las más populares de cuantas se celebran en la Semana Santa bilbaína, pero, sobre todo, la favorita de los niños.
Los planes del autor, sin embargo, se truncaron en cierta medida porque los donativos de los feligreses, la cofradía y la parroquia de San Vicente llegaron hasta donde llegaron y no permitían demasiados dispendios. Así que en 1961, año en que se salió por primera vez, el artista tuvo que conformarse con lo que le dieron. Se limitó a modelar en arcilla y tallar posteriormente en madera de pino la figura de Jesús y la burra. Sólo estas dos. Aun así, la procesión del Domingo de Ramos, la tercera más antigua de cuantas se celebran en la ciudad, enganchó si cabe aún más a los fieles bilbaínos, que pronto se acostumbraron a vitorear con hojas de palma y laurel en las manos el recorrido de esta imagen.
Profesor de Artes Plásticas, Dibujo Técnico y Pretecnología en los colegios Santa María de Portugalete y Gaztelueta, Torre dio el siguiente paso a mediados de los noventa. La cofradía presidida por Jesús Espinosa de los Monteros realizó un nuevo esfuerzo y permitió al artista incrustar una nueva pieza de su imaginería: el pollino que tanto cariño despierta entre la población infantil.
Pero, inconformista, Torre no se dio por satisfecho hasta que terminó de esculpir la figura de 'El Niño'. Así que cuarenta y ocho años después, el escultor getxotarra ha completado su obra. Con todo lujo de detalles. Del mismo modo que la burra es la réplica del asno con el que una baserritarra llamada Margarita acudía al mercado de abastos de Romo cargada de patatas, manzanas y zanahorias y la imagen de Cristo está inspirada en el cuerpo de un operario de una fábrica de Axpe, Torre ha tomado como modelo a Oier Bravo, un niño de 8 años del colegio Madre del Divino Pastor, de Las Arenas, para esculpir a El Niño. De espíritu perfeccionista, también ha creado un nuevo pollino. El anterior descansa en un convento de Zalla.
A partir de mañana, las calles bilbaínas verán el nuevo paso. Pero el artista es incansable. Mientras ayer daba los últimos retoques a su obra en el Museo de Pasos, de Iturribide -«¿Qué guerra me diste. Bueno, bendito seas Señor!», relataba orgulloso mientras acariciaba la figura de Jesús- confesaba a Espinosa de los Monteros, hermano abad de la Cofradía de la Pasión, su próximo deseo: incrustar una nueva figura. Posiblemente, la de dos fariseos vitoreando a Cristo.









