
Ellas fueron parte de los casi doscientos inmigrantes que durante la noche del sábado participaron en el vía crucis latino, concebido «para que puedan vivir su fe como en su tierra», explicaba el diácono Fidel Molina. «Cuando uno es inmigrante deja atrás ciertas cosas que aquí no puede hacer, y una es la particular práctica religiosa; aquí hay otras maneras de rezar». Y con esa actividad se trató de corregirlo.
El particular vía crucis forma parte del programa Berakah con el que las cuatro parroquias del Casco Viejo tratan de dulcificar diferentes realidades marginales, entre ellas la inmigración. La particularidad del acto era que participaban delegaciones de 9 países latinoamericanos, y cada una de ellas se encargó de preparar una estación.
«Para nosotros esto tiene un significado muy importante», se felicitaba el ecuatoriano José Vicente, «porque podemos hacer lo mismo que en nuestro país». Lo que hacen en su país es salir a la calle tras la cruz en una atmósfera alegrada por guitarras, panderetas y canciones optimistas. En diferentes puntos se detienen y en cada estación realizan la lectura y un comentario. «El año pasado sólo estábamos dos países, y ahora somos nueve. Parece que esto se está consolidando».
Cristo forastero
La actividad comenzó puntual, «para que luego digan de los latinos», en la parroquia de Santa María. Allí se recordó al mexicano que cruza el desierto en busca de esperanza en el Norte, al cubano que sortea a los tiburones para llegar a Florida, y a todos sus sacrificios y privaciones para compararlos con el «Cristo forastero».
Luego, los asistentes salieron del templo. En la primera estación los bolivianos, tras su bandera, lamentaron que «los guías de este mundo hayan dejado de mirar al cielo» y hablaron de pueblos perseguidos y los corazones corrompidos. En la segunda, en la que Cristo carga con la cruz, los ecuatorianos enumeraron algunas de las «cruces de hoy en día: la vanidad, las adicciones, los vandalismos...». Luego, ya en la calle Eskarola, cuando Jesús cae a tierra, los peruanos animaron a «levantar los corazones y seguir adelante». A continuación, los paraguayos, en el momento en el que Jesús se encuentra con la Virgen, recordaron a sus propias «madres paraguayas, sufridas y valientes, que sacan adelante a la familia», y cantaron en idioma guaraní.
La procesión dio la vuelta a la manzana y hubo tiempo para que colombianos, hondureños, venezolanos, brasileños y chilenos hiciesen su propia interpretación en cada estación. Y cumpliesen el otro objetivo de la convocatoria, «integrar distintas nacionalidades», señaló la colombiana Luz Merly.





