
LA AGRESIÓN EN EL ACTA
Los antecedentes ya anticipaban una noche dura. En la semifinal de Copa de 2005, Manuel Ruiz de Lopera ya demostró que la seguridad de sus invitados le importa un comino. Negó el acceso al palco a dos mitos rojiblancos como Ángel Iribar y Dani y a dos directivos, Juan Manuel Delgado y Begoña Oraa. Les colocaron detrás del banquillo del Athletic, en donde, como le pasó a Caparrós el sábado, escucharon todo tipo de insultos.
Esta vez, las pulsaciones de los hinchas radicales del Betis se aceleraron. Armando relató al final del partido que además de la botella, recibió el lanzamiento de mecheros y hasta de un cortador de uñas. Varios de estos objetos impactaron en su espalda sin que lo denunciara al árbitro, aunque bien pudo verlos porque estaban sobre el césped.
Pero no sólo dejó mucho que desear el comportamiento de una parte de la afición bética. También pasó lo mismo con varios de sus deportistas y, sorprendentemente, hasta del jefe de seguridad.
Pocos instantes antes de que Carlos Clos Gómez decretara la suspensión del encuentro, en el banquillo del Betis se acusaba a Armando de perder tiempo. Orbaiz no pudo aguantar más. Se acercó a ellos y les mostró los guantes ensangrentados del portero. El de Sopelana se los había quitado nada más desplomarse en el suelo.
En el palco, hubo quien también se atrevió a tildar de actor al herido. Según ha podido saber EL CORREO, una persona con insignia de oro del Betis en la solapa llegó a decir a un miembro de la expedición rojiblanca que «si no hicieran tanto cuento ni perdieran tanto tiempo, no provocarían al público». Cuando su interlocutor le recordó apesadumbrado que el portero rojiblanco había sido 'cazado' por la botella, el bético respondió con una frase hiriente. «Será que somos buenos tiradores».
Policía expulsado
Inesperadamente, el policía nacional que hace las veces de coordinador de seguridad, a quien el árbitro identifica en su acta como el inspector número 16.256, irrumpió en el vestuario de Clos Gómez nada más decretar la suspensión del encuentro. Según el testimonio del colegiado, le hizo las siguientes observaciones: «'¿Por qué has suspendido el partido? ¿Quién eres tú para tomar esa decisión sin contar conmigo? Según la ley del Deporte no puedes hacerlo'. Tras estas declaraciones fue invitado a abandonar mi vestuario». No es el único motivo de queja del colegiado. Denuncia además en el mismo documento que un recogepelotas ocultó la botella de la agresión.
La tensión llegó también a los palcos de prensa. Los periodistas bilbaínos estaban rodeados allí por aficionados locales. Muchos profirieron graves insultos e incluso amagaron con agredir a alguno de ellos. El miedo llegó a tal extremo que pidieron que se enviara de forma inmediata a la zona a un guarda de seguridad. Cuando desde el Athletic se realizaban estas gestiones llegó la agresión y la suspensión del encuentro. El club logró que los informadores abandonaran el campo en furgonetas de la Policía Nacional.
Pero la noche estaba lejos de acabar. Cuando por fin, a las 23.30 horas, el Athletic pudo abandonar el campo quedaba el momento de velar por la seguridad del autobús. Decenas de ultras béticos insultaban a los rojiblancos, que durmieron a apenas 500 metros del campo. La policía aconsejó al club que el autocar no quedara aparcado en la calle junto a su hotel, sino que 'durmiera' en una comisaría sevillana, como finalmente hizo.








