Rosquillas, ramas de palma y sobre todo una multitud de niños hacen especial esta procesión. A pie de calle, muchos pequeños saludaban el paso de los cofrades, algo impresionados por el sonido de los tambores y cornetas. «Es una nena», le decía una de las pequeñas a su madre. Y así es. En primera fila, dos niñas abrían la procesión y a lo largo de la fila asomaban numerosos capirotes mucho más bajitos que el resto. La Semana Santa bilbaína parece tener el futuro garantizado.
Obra de Jesús Torre
De todos modos, la procesión de ayer era especial. Estrenaba una nueva figura, la del niño, la que completa el conjunto de imágenes que ideó el escultor Jesús Torre en 1960, para ilustrar la representación de la entrada de Jesús en Jerusalén, que cada año organiza en Bilbao la Cofradía de la Pasión. Lo cierto es que muchos no se percataron de la novedad.
«Ahora que lo dices...», confesó Luisa Rincón. «Es una tradición venir con la familia el Domingo de Ramos a ver al borriquito, pero a mí enseguida me dan gato por liebre», bromeó. De hecho, el pollino tampoco era el de otro años. Jesús Torre ha tenido tiempo para esculpir un borriquito más grande y añadirlo a la escena, que se completa con otras dos imágenes: la de Nuestra Señora de Ramos y la de la Virgen del Rosario
A la procesión sólo faltó la Hermandad de Begoña. Apenas acudieron cinco miembros de esta cofradía, ya que por la tarde celebraron su procesión desde la parroquia de Mallona. 38 penitentes llevaron a hombros durante el recorrido los pasos de la Humildad y la Caridad.









