
Ausente de las pantallas desde hace una década, el director Jesús Garay (Santander, 1949) estrena hoy en los cines 'Mirando al cielo', reconstrucción de un episodio de la Guerra Civil que, a diferencia de Gernika, masacrada unos meses antes, no tuvo a un Picasso para perpetuar su memoria. «Esta película no es un ajuste de cuentas, sólo muestra a un atacante y a un defensor», aclara el realizador afincado en Barcelona, que mezcla imágenes documentales inéditas cedidas por el Nodo italiano y una trama de ficción ambientada en el presente.
Recuerdos de Goytisolo
«En la historia de las guerras existe un antes y un después del bombardeo de Barcelona», alecciona Garay. «Fueron tres días de infierno con ataques cada tres horas. Sólo paró cuando la opinión pública mundial se horrorizó y Barcelona fue portada del 'New York Times'. Hasta Franco tuvo que pedirle a Mussolini que cesaran los bombardeos». Hablada en catalán, italiano y castellano, 'Mirando al cielo' pretende «homenajear el coraje de una ciudad a la que le tocó el huracán de la guerra» y reflexionar «sobre el tiempo y la memoria».
Garay, uno de los directores malditos del cine español -«lo mío me ha costado serlo»-, no confiaba en que las imágenes documentales alcanzaran «las cotas poéticas» que necesitaba. Y se saca de la manga una intriga moralista -lo más endeble del filme-, con una investigadora catalana que persigue a un ex piloto de la 'razzia', convertido hoy en venerable humanista. Su expiación ha consistido en consagrar su vida al estudio de la 'Divina Comedia', por aquello del infierno de Dante. «Después de escribir el guión se descubrió que Günter Grass, la conciencia de Europa, había pertenecido a las SS».
La emoción auténtica de 'Mirando al cielo' surge de testimonios como el del escritor Juan Goytisolo, que recuerda aquel fatídico día asomado a la ventana de su casa de Viladrau despidiendo a su madre para no volver a verla. «Debe ser una imagen creada por el remordimiento», se sincera Goytisolo. «Una trampa de la memoria, el recuerdo de un recuerdo». Hoy las baterías antiaéreas del monte Carmel permanecen recubiertas de grafitis. Los refugios forman parte de la ruta turística.








