
HISTORIA DESCONOCIDA
Fue un revés absoluto, otro de los grandes sueños rotos de la provincia, como el del ferrocarril a Bilbao o el gran aeropuerto del Norte, pero las prospecciones llevadas a cabo en Álava siguen manteniendo records e hitos importantes, asegura Kepa Baquedano, vitoriano de 47 años, profesor de Química de Urkide (antiguo Ursulinas) y autor del libro 'La búsqueda de petróleo en Álava'. La publicación recorre minuciosamente y con datos desconocidos hasta la fecha la historia de este gran desengaño. «Una de las leyes principales que sostiene la exploración de hidrocarburos es el secretismo. No hay obligación de informar. Los vecinos los veían llegar, montar las torretas de perforación y un día se iban. Nadie les decía nada», sostiene el autor, al que su padre Benjamín, trabajador de una de las empresas de sondeos, inoculó el amor por los minerales y la Geología.
Un mar cálido
Esa rama de la ciencia le ha gastado una broma de mal gusto al territorio. Álava fue uno de los primeros lugares de la península en los que se fijaron los buscadores de una riqueza que con un poco de fortuna hacía multimillonarios. «Esta arena que pisamos son restos del mar cálido que hubo aquí hace 150 millones de años», señala Baquedano en el puerto de Vitoria, junto al pozo de Castillo 2, ahora taponado con hormigón. «Estos terrenos están llenos de fósiles marinos, lo que da pistas de que se podrían haber formado hidrocarburos. Tenemos los requisitos que se repiten en las grandes áreas petrolíferas del mundo», indica Baquedano.
Lo que se conoció como fiebre del petróleo en América a finales del siglo XIX tuvo su correspondiente episodio en Álava. Las minas de asfalto, otro indicativo de la posible existencia del oro negro, eran buscadas por todo tipo de inversores extranjeros y nacionales. Hasta el general Prim tenía su participación en una de ellas. Con esos antecedentes, en 1901, se pide la primera solicitud para extraer petróleo. Fue un vitoriano llamado Bernabé Guevara, que, al no pagar, se quedó sin permiso. Hubo que esperar a 1911 para realizar el primer sondeo. Concretamente en Salvatierra, en el paraje del Cristo. Lo promovió un importante personaje que pidió muchas más prospecciones en ese tiempo: Ignacio Murua, conde de Valle y vecino de Vergara. A pesar de las expectativas, sólo se hicieron dos pozos, en Salvatierra y en Gastiain, junto a Navarra.
Tiene que llegar la década de los cincuenta para volver a retomar los pasos de principios de siglo. Las inversiones son muy elevadas. La maquinaria que se utilizó en el sondeo Alda 1, en 1956, costó 31 millones de los de entonces y era americana.
Un queso gruyere
Entre los años 50 y 70 el subsuelo alavés queda convertido en un gran queso gruyere. La C.G.S., Compañía General de Sondeos -una filial de Ciepsa y de Cepsa-, es la encargada de las perforaciones. No había zona del territorio donde no se hubieran pedido concesiones para buscar hidrocarburos, desde el valle de Ayala a la Rioja Alavesa, o desde Campezo hasta Valdegovía. Uno de los métodos era de lo más expeditivo. Se hacían pozos de unos 20 metros de profundidad, espaciados unos 300 metros y se provocaban explosiones con cargas de 20 a 30 kilogramos de dinamita.
Las condiciones a veces eran durísimas porque una vez iniciada la perforación no se podía parar. Benjamín Baquedano, el padre de Kepa, homenajeado en el libro, recordaba un pasaje ocurrido en el invierno de 1960 en Urbasa. Una nevada de dos metros dejó incomunicados a una veintena de trabajadores y un grupo de técnicos alemanes hasta que un quitanieves de madera tirado por diez parejas de bueyes salió de Opakua en su rescate.
«Hay una explicación, que entonces no conocían, por la que al final no se encontraron más que trazas de hidrocarburos en lugares como Aramaio o los mil litros de oro negro que salieron del sondeo de Laño. Imagínate cómo pudieron pasar de la alegría desbordada a la frustración cuando la torre dejó de soltar ese líquido tan viscoso», explica Baquedano. La razón del químico es que la roca madre que contiene el petróleo debía estar comunicada con otras rocas para que el líquido buscara la superficie. En Álava esa roca no estaba comunicada.
La Prensa de la época se encargó de caldear la esperanza con grandes titulares que hablaban de cada sondeo, pero la falta de resultados, de información real y el hallazgo de petróleo en la comarca burgalesa de La Lora, en 1963, aunque mucho menor en cantidad que lo esperado, acabó por generalizar el desengaño.
La única buena noticia en ese tiempo fue el gas localizado en el pueblo de Castillo. Llegó en Castillo 1, donde ahora hay una granja de cerdos. Fue considerado de pequeño volumen y estuvo en producción desde 1963 a 1981. Se extrajeron 33 millones de metros cúbicos de gas. Esmaltaciones y BH fueron las primeras empresas españolas que se abastecieron de ese combustible.
Pero hubo complicaciones. Félix Ruiz de Azúa niega que tras la prohibición de hacer fuego en el pueblo debido a las fugas incontroladas de gas, regalaran cocinas eléctricas para todos los vecinos, como habían comentado en su día los buscadores. «Yo tengo la esperanza de que algún día ese gas que existe, llegue por lo menos a las casas de Castillo», señala Félix. Descartado el petróleo, la esperanza está en que algún día salga el otro combustible.






