El resto de los más de 2.500 alaveses que disponen de esta prestación -conecta directamente con la central de emergencias SOS Deiak a través de un medallón que incorpora un mecanismo asociado al teléfono- paga una cuota por el servicio. La cantidad a abonar oscila entre 1,74 y 6,74 euros mensuales, según la renta de los beneficiarios.
La telealarma busca prevenir situaciones excepcionales entre personas mayores que viven solas como consecuencia de algún accidente doméstico, una caída o un empeoramiento de la salud.
La Diputación prestó el servicio el último año a una media de 866 personas, aunque el 31 de diciembre de 2007 eran 751. Medio millar de ellos viven en las diferentes cuadrillas y pueblos del territorio. El programa foral incluye también a otros 65 vecinos de la capital con dependencias físicas o psíquicas. Por su parte, el Ayuntamiento de Vitoria extiende la teleasistencia a 1.600 residentes con autonomía, pero que requieren apoyo.
3.200 llamadas al año
La gran mayoría de las personas que tiene un dispositivo telefónico de estas características en su casa son mayores -prácticamente el 96%- y los discapacitados suman el 4% restante. Las mujeres -casadas o viudas- son mayoritarias y suponen un 76%. Entre los ya octogenarios, por ejemplo, multiplican por cuatro el número de hombres. La edad media de todos los usuarios ronda los 83 años.
Pese a que el servicio busca prevenir problemas de salud o situaciones de emergencia, tiene también un importante componente de seguridad y de confianza. De hecho, sólo una de cada tres llamadas que recibe SOS Deiak -fueron 3.200 el pasado año- a través de este sistema estuvieron relacionados con indisposiciones o peticiones de asistencia médica. Y sólo en la mitad de esas situaciones hubo que prestar atención sanitaria 'in situ' o fue necesario recurrir a un traslado en ambulancia. En el 70% de las llamadas restantes, los mayores contactaron con el teléfono de emergencias para comprobar que el equipo funcionaba, para recabar alguna otra información o, simplemente, para hacer frente a su soledad. «Escuchar a alguien les tranquiliza», explican fuentes del Departamento vasco de Interior.






