
En su proceso de italianización, Ferrari sustituyó este curso al incombustible francés Jean Todt por Stefano Domenicali, un ingeniero que llegó a la casa en 1991 y ha escalado hasta su posición actual. Jefe de operaciones, el Briatore de Ferrari. Domenicali ha implantado un nuevo estilo. Menos volcánico, más templado en su vocabulario.
Ferrari agrupa toda la fantasía latina, el grado de calor que aportan los aficionados italianos a un icono que es tan grande o más que el Juventus o el Milan. Ferrari amaneció en el Mundial de F1 2008 como un elefante en una cacharrería. Todos por los suelos. Raikkonen y Massa abandonaron en la ratificación de los problemas de fiabilidad que había mostrado el coche en los entrenamientos invernales.
Posición debilitada
Domenicali llamó a la calma. Dijo que había más días que longanizas, que Ferrari restañaría las heridas de un comienzo tan calamitoso. Ayer explicó su mensaje en una frase: «No éramos coches de caballos en Australia y no somos ahora unos fenómenos». Igualmente pidió cautela ayer, con el éxito de su finlandés volador. «Felicidades a Kimi, lo sentimos por Felipe, pero el equipo es consciente de que tenemos mucho que mejorar».
Las cuitas en Ferrari pertenecen a las de una gran familia, a la vista de todos. Se marchó Jean Todt y, de repente, la posición de Felipe Massa quedó debilitada no se sabe muy bien por qué. Su manager es el hijo de Todt -Nicolás- y en los últimos días ha corrido como la pólvora el rumor de que Ferrari se ha interesado por el joven alemán Sebastien Vettel, ocupante de un volante Toro Rosso con motor Ferrari. También la eterna disyuntiva de Alonso, su viaje nunca resuelto al universo Ferrari.
Massa estaba ayer con la moral por los suelos. «Obviamente está resultando un muy complicado comienzo de temporada para mí, pero mi esperanza es que queda un largo camino por delante. Tenemos un gran potencial como hemos podido ver hoy y eso me da confianza».
Raikkonen, intransferible siempre, proporcionó el año pasado en esta gira una de las frases del año. Ganó en Australia a Alonso en su debut con McLaren, al impetuoso Hamilton que se estrenaba, y soltó por esa boquita que «me he aburrido conduciendo». El finlandés sonríe y da vuelo a la leyenda.
Ayer se explayó lo justo. «Estoy muy contento no sólo por mí, sino por el equipo. Tenemos que mejorar un poco en la sesión de clasificación, pero en carrera tenemos un potencial muy alto. Tuvimos un comienzo complicado en Australia, pero el equipo estaba convencido: lo podíamos hacer mucho mejor».







