-Ya no vivo allí, sino en Mónaco. Resulta difícil desplazarme hasta la ciudad, porque está lejos de la capital y no hay muchas conexiones de vuelos. Si tengo tres días libres y debo emplear uno en las conexiones de aviones... Trato de adaptarme al trabajo que tengo. El tiempo libre es muy escaso en la Fórmula 1 y me gusta aprovecharlo.
-¿Llegó a conocer a Juan Pablo II?
-No.
-¿Le hubiera gustado?
-Claro. Fue una persona que hizo mucho por Polonia, aunque no sólo por nuestro país, sino por el todo el mundo. Me hubiera hecho muy feliz. Fue un gran hombre.
-¿Es cierto que ha mantenido alguna relación con el Vaticano?
-No, no es cierto.
-Tampoco es frecuente que un piloto manifieste sus creencias religiosas.
-Yo nunca lo he hecho.
-¿Pero es usted una persona muy creyente?
-Eso pertenece a mi vida privada.
-¿Tiene alguna pesadilla por su tremendo accidente en Canadá del año pasado?
-No. No tengo ninguna sensación especial. Eso pasó. Fue lo mejor que me pudo pasar. Tuve mucha suerte porque no me hice daño y regresé de inmediato. Mejor no pensarlo mucho.







