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LA RIOJA
Cuatro historias centenarias
Los testimonios de Federico, Inocente, Raimunda y Vicente se funden en la propia historia del siglo XX: todos han superado la barrera de los 100 años
24.03.08 -

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Cuatro historias centenarias
EXPRESIVOS. Raimunda López y Vicente Muro, ambos centenarios, relatan sus experiencias en una sala de la residencia de personas mayores del Lardero. / RAFAEL LAFUENTE
Miles de volúmenes diseccionan la historia reciente de España. Sus capítulos profundizan en los recovecos de la Segunda República y la Guerra Civil, la dictadura o la transición que abrió las puertas a la democracia. Al calor de esa Historia con mayúscula, ocurre que en ocasiones se pasa de puntillas por esa otra, inabarcable y paralela, que protagonizaron millones de personas anónimas.

Éste es el dominio de la experiencia personal, ajena a los tratados, pero fecunda e ilustradora. En este campo, Federico, Inocente, Raimunda y Vicente tienen mucho que decir. Son testigos privilegiados del siglo XX: todos han superado la barrera de los cien años. No son historiadores, pero sus vidas se funden con la historia de la última centuria.

FEDERICO FERNÁNDEZ

Azofra (101 años)

«El mejor invento es la cosechadora»

Nació el 16 de noviembre de 1906. Pocos meses antes, el anarquista Mateo Morral había lanzado una bomba, oculta en un ramo de flores, al paso de la comitiva del monarca Alfonso XIII y su esposa por la calle Mayor de Madrid. La situación en Azofra era más tranquila. «Mis padres», dice, «tenían dos mulas y yo, a los trece años, ya trabajaba con los animales».

Recuerda que, «el 13 de abril de 1931, vino la República al pueblo». Ese día, apunta, «unos de Nájera subieron a la plaza y querían quemar el Cristo de las escuelas». Federico se enteró en el campo, no sabía qué era eso de la república, pero no estaba dispuesto a permitir que consumasen la fechoría. «Cogí la yegua», relata, «y fui corriendo a por un arma».

Armado, se dirigió a la plaza, pero los najerinos se habían marchado con la promesa de regresar por la noche a quemar la iglesia. Federico y un grupo de vecinos hicieron guardia toda la madrugada, pero nadie subió al pueblo.

Su hermano, Amando, falleció en la Batalla del Ebro. El gobernador de Logroño le facilitó una tarjeta para ir hasta las trincheras a recuperar el cuerpo. El oficial al mando afirmó que «había muerto por valiente». Viajaron la noche entera y todos los vecinos salieron a recibirles a la entrada del pueblo.

Federico, conocido como 'tío Quiqui', fue alcalde de Azofra en los cincuenta. Asegura que la cosechadora ha sido «el mejor invento» y que las cosas han cambiado «por mil a mejor». La monarquía es una de sus pasiones. Muerto Franco, acudió a la coronación del Rey Juan Carlos. Cuando Federico cumplió cien años, el pueblo organizó un homenaje. Ese día, recibió una felicitación: «Felicidades a mi amigo Federico. El Rey de España».

INOCENTE ARÉVALO

Igea (106 años)

«El dinero lo tenían cuatro ricos»

Nació en Igea en diciembre de 1901: es el abuelo de La Rioja. Inocente ha hecho de todo. Recuerda que, al principio, «subía a Boimancos de Soria con una barquilla de albérchigos y otra de tomates para venderlos o cambiarlos por queso y leche». Después, trabajó como pastor «hasta que conseguí hacerme con mi rebaño y tener una carnicería».

Asegura que «hoy la economía está más igualada y se vive mucho mejor, hay más libertad y las mujeres pueden trabajar». Antes, dice, «el dinero lo tenían cuatro ricos». No obstante, apunta que «también nos divertíamos, aunque de otra manera: mi mujer y yo éramos los que mejor sabíamos bailar la jota en el pueblo».

Inocente aprendió a leer a los veintidós años con un maestro particular. Con el tiempo, la lectura se convirtió en gran afición. Todavía hoy, es capaz de recitar abundantes poesías. Según recuerda, el obispo de Igea decía que «veríamos a los muertos hablar y eso lo hemos visto con la televisión». Dice que hay cosas que es mejor olvidar: entre ellas, muchas de las que ocurrieron en la Guerra Civil. Afirma que nunca se ha interesado por la política. Aunque «soy más partidario de cómo funcionan las cosas ahora, nunca he sido de izquierdas ni de derechas, intentaba ser lo más neutral posible». Asegura que no conoce a ningún político, aunque enseguida corrige la afirmación: «bueno, Pedro Sanz me regaló una bufanda, pero no sé para qué la quiero porque tengo muchas».

RAIMUNDA LÓPEZ

Alcanadre (100 años)

«Se trabajaba para ganar pocas perras»

Nació en Alcanadre en 1907. La semana pasada, cumplió cien años y sus compañeros de la residencia de personas mayores de Lardero la despertaron al son de 'Las mañanitas del Rey David'. Raimunda fue muchos años alpargatera en el pueblo y, más tarde, se trasladó a Logroño, donde limpiaba la oficinas en las que su marido trabajaba como conserje.

Asegura que «todas las cosas están ahora mucho mejor» y destaca como uno de los mejores inventos el ascensor. Afirma que ha sido feliz: «Yo lo pasaba muy bien, la gente me quería mucho y cantaba unas jotas que admiraban a todo el mundo».

Hay una cosa que, en su opinión, ha cambiado mucho: «Antes, se trabajaba durísimo para ganar cuatro perras, pero ahora las cosas han mejorado bastante». Todavía recuerda las horas que pasaba en Alcanadre con la aguja de alpargatera en sus manos.

VICENTE MURO

Torrecilla (100 años)

«Vi a Franco miles de veces en África»

Nació en 1907 en Torrecilla en Cameros. Seis años más tarde, ya trabajaba en la gasolinera del pueblo. Vicente fue albañil, chófer, mecánico e incluso adivinador, también soldado en el norte de África. Aún recuerda cómo Francisco Franco, entonces general, pasaba revista a los batallones desplegados en la zona. «Vi a Franco miles de veces», dice, hacía preguntas a los soldados vestido de paisano y, si consideraba correctas sus respuestas, les daba unos días de permiso.

En aquella época, relata, Torrecilla tenía de todo: era un pueblo importante y allí iban los vecinos de la zona, por ejemplo, a resolver sus pleitos en el juzgado. Llegó la Guerra Civil en el 36 y «fue una verdadera calamidad, murieron familias enteras y se enfrentaron padres contra hijos». A veces, cuando estaba en la gasolinera, asegura que echaba en los depósitos de los vehículos militares agua en lugar de combustible.

Vicente fue llamado a filas, pero «gracias a Dios me metieron chófer de un oficial». Acabada la contienda, asegura, «aquello era la Inquisición». Entonces, fue sargento de la Guardia Civil en Torrecilla en Cameros «para que no mataran a la gente de mi pueblo». Recuerda que en aquella época «hice muchos favores para conseguirlo y nunca jamás pedí dinero a nadie por ello».

Después, vivió en Logroño con su mujer hasta que ingresó en la residencia de personas mayores de Lardero. Señala que las cosas han cambiado a mejor en las últimas décadas. En el capítulo económico, por ejemplo, apunta que «ahora puedes ir a los sitios y comprar casi todo lo que quieras».
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