Durante la liturgia del 'Urbi et Orbi', el Papa volvió a solicitar la calma en la región del Himalaya, pero en ninguna ocasión se refirió a China, con la que el Vaticano mantiene relaciones tensas. «Estos son los azotes de la humanidad, abiertos y supurantes en cada rincón del planeta, aunque a menudo se ignoran y a veces se ocultan deliberadamente; heridas que torturan las almas y cuerpos de innumerables hermanos», añadió Benedicto XVI.
Antes de desear al mundo una feliz Pascua en 63 idiomas, también demandó «un compromiso activo con la justicia en áreas ensangrentadas por el conflicto y en todo lugar en el que la dignidad humana continúa despreciada y pisoteada».






